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EL TIEMPO 29 enero 2012
      www.eltiempo.com
 
Pablo Hermoso de Mendoza, el gran maestro del toreo a caballo


Por: FERNÁN MARTÍNEZ | 28 de Enero del 2012

Antes que escribir su nombre, Pablo Hermoso de Mendoza aprendió a dominar un caballo.

Foto: Carlos Ortega /EL TIEMPO

Es un centauro con dos cabezas. La mitad, él; la otra mitad, sus caballos.

En la finca Caballo Bayo, entre las montañas y las praderas de Subachoque, cerca de Bogotá, el mejor torero a caballo, el mejor centauro del mundo está practicando.

Los caballos, perfectamente arreglados como en un domingo de plaza. La capa brilla, las herraduras están calzadas con perfección milimétrica; las crines, entrenzadas con cintas de colores; la melena de la cola, perfectamente cepillada; cada bestia tiene su propio bocado de freno de acero inoxidable con incrustaciones de cobre para darle sabor a la saliva según el gusto de cada caballo.

Entre los cien verdes de Subachoque y un cielo azul intenso, aparece al centauro, corriendo, marchando, jugando, danzando, fintando. Haciendo cosas que otros caballos y jinetes no pueden hacer, al menos con la misma elegancia y actitud. Hay público pequeño, pero selecto. Caporales, ganaderos, jugadores de polo, herreros, taurinos, palafreneros y sobre todo niños que sienten fascinación natural con los caballos.

Todo es una rigurosa liturgia. Seis auxiliadores y cuatro caballerangos acompañan siempre al torero y sus caballos, ayudan que el oficio sea impecable. Entre ellos, dos nanas equinas.

Seis ojos conectados

"El caballo es la prolongación del jinete, sus brazos, sus piernas, sus ojos", va contando con ese acento español y brochazos de mexicano. Es el torero ibérico que mas corridas ha toreado en México. "Los ojos, muy importante. Siempre deben estar conectados los ojos del torero, los de toro y los del caballo" dice mientras señala sus ojos con dos dedos. Menudo, alto, pulcro corte de pelo, 45 años, confiesa que no hace mas ejercicio que el de montar a caballo, seis horas todos los días.

Llegó a Colombia con una cuadra de 17 lusitanos enteros y una yegua y sigue para la temporada de México con 15, pues regaló tres a amigos de la cofradía del toro, del caballo o de ambas. Los enteros también han servido preciosas yeguas nacionales, sin cobrar, pura necesidad física y obligación genética para ir dejando la línea en estos lados.

No son lusitanos o portugueses puros. Tienen gotas de andaluz para darles estampa, cuarto de milla inglés para darles potencia, cilindraje árabe para darle un poco mas de altura, son como una raza aparte, los codiciados y admirados lusitanos marcados con el hierro "PH".

Caballos muy sensibles, rápidos, graciosos, inteligentes y poderosos. Viven cuidados como princesas. Pastos y comidas especiales. Toda el agua que necesiten. Cepillo, caricias, abrazos, largas conversadas, pesebreras climatizadas, vitaminas, cuidados médicos y tres años de aprendizaje antes de salir a una plaza. Pueden torear hasta los 20 o 22 años antes de la pensión.

Elveti, caballo de paseíllo, hace lucir descoordinado a Mijaíl Baryshnikov, el más aplaudido bailarín ruso, y en sus lomos el torero como manejando un carro automático sin ningún esfuerzo. Las órdenes parecen telepáticas.

1.893 corridas

Nadie en el mundo presenta este temerario arte mejor que Pablo Hermoso de Mendoza. Después de 1.893 corridas, llenas de asombro y de aplausos, ha salido en hombros por la puerta grande de las catedrales del toreo en Madrid, Sevilla, México, Bogotá, Nimes... por donde antes solo habían salido triunfantes legendarios toreros de a pie, como Pedro Romero, El Gallo, Belmonte, Manolete, El Viti, El Cordobés, Paco Camino, El Juli y José Tomas, su predilecto.

Recibió el doctorado de torero a caballo en 1989 y hoy sigue siendo el que más gente lleva a la plaza. El que sorprende con su arte cada vez mas puro. Una leyenda viva.

Pablo nació entre caballos. Ese era el negocio de Pablo, su padre en el noble, milenario y pequeño pueblo de Estella, ubicado en la misma ruta de Santiago, en Navarra al norte de España. Su papá alquilaba caballos a turistas alemanes, suecos y franceses que hacían largos viajes de peregrinación a la Catedral de Santiago de Compostela. Pablo y sus hermanos ayudaban al papá en el cuidado de los caballos. Los buscaban, bañaban, les daban comida, los amaban. Los niños servían de guías a turistas que alquilaban caballos para hacer cabalgatas por las montañas navarras.

Aprendió a dominar un caballo primero que a escribir su nombre. A los 4 años era alguacilillo en la plaza de su pueblo. A los 14 años participaba en competencias de salto y a los 17 años vio por televisión una corrida con rejoneo y comenzó a tratar de imitar las peripecias del montador y su caballo.

Y decidió ser torero de a caballo. No era fácil para un navarro penetrar en un círculo cerrado y exclusivo para señoritos andaluces, terratenientes, dueños de cortijos y expertos en el caballo andaluz que sirve más para desfiles que para corridas.

El genio

Y aquí , verlo montar sin la presión de la plaza es un privilegio. Parece una tarea fácil. Lo domina con todo el cuerpo. Los comandos son imperceptibles. No se nota la presión de las piernas, de las pantorrillas, del culo, del torso hacia adelante, hacia atrás, las órdenes de la rienda. El cuerpo es como el 'joystick' o palanca de un juego electrónico que maneja un caballo que parece computarizado de todo lo natural y perfecto que actúa.

Y hay que saber lo que piensa y siente el caballo. Su ánimo. Sus temores. Este genial jinete sabe hasta cuando va a mear o a cagar el caballo y le da su tiempo y espacio para el pudor.

"La mejor faena debe ser de frente. Corriendo y mirando venir al toro por entre las orejas del caballo. Esa es la mira. La finta. Y a esquivarlo con el cuerpo del caballo sin el engaño del capote", dice el torero que siempre tiene tres aprendices, maletillas en su finca donde quedaba el hospital del camino Santiago, por ahí mismo, donde de niño llevaba a los turistas.

Toro y bestia en una lucha que parece coreografiada. Sin peto. Los músculos del equino logran posiciones y ángulos inimaginables, como gimnastas chinos, pero frente a un toro que pesa los mismos 450 o 470 kilos, que corre a matar con dos navajas en la cabeza. Y el torero en cantiléver haciendo el desplante del "teléfono" sobre la testa del astado.

"Cuando el pitón de adentro está pasando por la punta del estribo es la medida exacta para clavar el rejón. No antes y mucho menos después, cuando el bravo ya ha pasado", dice mientras le acaricia el cuello al caballo, el mismo que montó en la plaza de Santamaría el encorbatado presidente Uribe. "Monta muy bien", agrega.

Pablo Hermoso de Mendoza ha creado hasta su propio estilo de vestimenta. Ya no usa el negro y el gris tradicionales. Prefiere calzona y chaqueta larga, azul y pocos adornos. O el rojo Burdeaux. Abalorios y Caireles. Sombrero rondeño. Pocas veces usa el sahon, mandil de cuero que adorna mucho pero no es muy cómodo. Ya no usa esos atuendos Luis XV que se estilaban en las corridas goyescas.

En la mano derecha una manilla de cuero y plata con una medallita de San Pablo, que se ha convertido en ese amuleto, que besa siempre antes del tercio de la muerte.

La selección

En la tarde, a Guasca, con su hermano y veedores a escoger los dos toros de Juan Bernardo Caicedo para la corrida del domingo. En doble transmisión por entre las praderas de "Las Manas" llenas de alfalfa, quicuyo, trébol y pasto azul. Hablan un idioma extraño. "El jabonero es serio. Jandilla. El tordo brocho. Muy bajo. Bisco. Luce mansurrón. Morlaco. Este tiene buena presencia pero me gusta mas el ojalada. Ese no, que está descolgado. Abastado". Recordando el fenotipo de cada uno de los toros, como si fueran el caporal que vive con ellos.

Esos dos toros, el 208 y el 188, correrán a matar caballo y torero. El centauro, a la reunión, con los ojos en los ojos del toro, con el rabo alzado, señal de que no hay miedo y a defenderse con las contorsiones de los entrenados y poderosos músculos que forran la vara de 205 huesos del caballo, el valor y el arte del mejor centauro del mundo. Pablo Hermoso de Mendoza y sus lusitanos.