Al siguiente día de haber triunfado en la Plaza de toros de Jerez de la Frontera, el rejoneador navarro se desplazó hasta Almería a impartir una conferencia dentro de la programación de la tercera edición del Aula Taurina de la Universidad de esta ciudad.

   El rejoneador navarro con más de mil novecientos festejos en sus casi veintitrés años de alternativa habló largo y tendido de varios y diversos temas de su carrera y del ambiente taurino. Desde su defensa ante las opiniones de los antitaurinos donde manifestó que la fiesta "molesta tanto porque la mostramos" y que lo que "duele" a quienes critican la fiesta es que los taurinos "no son hipócritas". "Toreamos al toro, lucimos su vida, su bravura y lo sacrificamos frente al público. En el matadero, la gente piensa que los animales no sufren porque no los ven. Sin embargo, hablan del sufrimiento del toro, que ha vivido cuatro años salvaje, que jamás ha sido humillado, que nunca ha sido sometido. Que cuando llega la plaza, a un hábitat que no es el suyo, evidentemente siente estrés, pero empieza a pelear contra un enemigo insignificante para él: persigue a un trapo que huye en todo momento, o a un caballo muerto de miedo. Y cuando llega el desenlace final, se ve muerto sin haberlo visto venir en ningún momento. Si me preguntaras cómo preferiría morir si fuera un animal, sin dudar diría que como un toro bravo", apuntó el rejoneador.

Otro de los temas en los que Pablo hizo hincapié fue en la tauromaquia en países como México o Colombia, a los que él dedica buena parte de su tempotrada y que en esta temporada ha actuado en cuarenta y seis festejos entre ambos países. "Ha habido una transformación en el toreo desde que yo empecé, grandes cambios técnicos y grandes cambios culturales por parte del público, que conoce mucho más lo que se hace en la plaza y que lo valora y lo exige. Ya hay un grupo nutrido de toreros a caballo y en Colombia ya está empezando a despertarse ese ambiente". Estas actuaciones en Colombia y México le han hecho comprobar la diferencia de encastes entre los toros de estos países y los de España: "En México, el toro (encaste Saltillo, principalmente) tiene largo embiste pero siempre muy despacio, tanto que, a veces, te da la sensación de estar frente a un toro manso. Sin embargo, el toro colombiano (encaste Parladé, Santa Coloma, cruzado entre Murube y Santa Coloma) es mucho más rápido y me ha llegado a poner en aprietos. Tiene una movilidad tremenda, con la emoción del toro antiguo de España. Para mí y para mis caballos, aguantar esos embistes ha sido todo un reto. Allí he encontrado otro filón importante para mi carrera", reconoció.

La tarde transcurría en un tono distendido bajo la batuta del periodista bilbaíno Alfredo Casas, ataviado con una camiseta del equipo de los amores, el Athletic de Bilbao, un día después de su derrota en la final de la Europa League. Entonces llegó el turno de la ganadería, de Cagancho y de sus herederos, ya caballos legendarios a pesar de estar en activo. Chenel, Curro, Silveti, Gallito, Zapata, Rondeño, Viti, Caviar, Van Gogh y Manzana... "Hay mucha gente que le quita valor al toreo a caballo. Es cierto que tiene menos riesgo físico, pero es mucho más complicado y delicado porque tienes que poner de acuerdo a los dos animales", explicó Pablo Hermoso de Mendoza, que reconoció que dedica entre ocho y diez horas diarias a la preparación de sus caballos. "Si ellos no llegan bien preparados a la plaza, yo no soy nada", explicó.

Los derechos de televisión, los honorarios de los toreros y los tiempos actuales también fueron tema de conversación. "Vivo una realidad de honorarios y de exigencias que no se corresponde con el producto que se está vendiendo. La economía no va siempre unida al arte, ni al riesgo, ni a la verdad que uno le ponga, solo a la gente que uno sea capaz de meter en una plaza. En México, sé que han llegado algunos toreros españoles de mucho cartel que, en la misma plaza que yo, han metido menos gente y han ganado más dinero. Sin embargo, ellos, al año siguiente, no han vuelto, mientras que yo sigo teniendo las puertas abiertas, cerrando 70 corridas por temporada y con una demanda absoluta de torear todo lo que quiera. En el otro caso, han robado una vez y ya no vuelven más, porque a nadie, tampoco a los empresarios, le gusta perder".

Un torero a caballo que se mantiene en la cima desde hace ya dos décadas y que aunque no se lo plantea a muy corto plazo, sí que piensa de reojo en la retirada y que le gustaría fuera al estilo de su admirado Curro Romero. Torear entre 10 o 15 festejos al año y seguir así en contacto con el público que durante tantos años le ha sido. "Siempre he sido un privilegiado porque he tenido una vocación absoluta que no me ha permitido pensar ni hacer otras cosas. Mi ambición no me ha pedido nada más. Solamente, seguir buscando, tratando de descubrir rincones que no domino", explicó el maestro.