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Debuta el domingo en la Santamaría, con equinos que son, para él, más que compañeros de trabajo.

Dieciocho horas después de haberse apeado de un avión -se la pasa montado en caballos y en aviones- este hombre alto, delgado, vestido como los viejos jinetes de hipódromo, estaba en los medios de la plaza de toros de Santamaría, este miércoles.
También, minutos antes se había bajado de 'Chenel', un hermoso y noble castaño oscuro que montó para pisar la arena por primera vez en Bogotá, donde torero y caballos debutarán este domingo.

Concedía una entrevista para televisión. Aquello era como una misa concelebrada. Los feligreses, la prensa, especialmente los taurinos, lo escuchaban con devoción, hablaban a secretos y, 'shhh', se mandaban a callar.

Dos mujeres se peleaban por media botella de agua 'bendita' donde él había bebido. Una dijo "está divino", la otra dijo "es hermoso". Pues sí. Era Pablo Hermoso de Mendoza, ese monstruo del toreo a caballo, el rejoneador navarro de 44 años que ha revolucionado la fiesta brava y por quien, tal vez, este domingo se llenará la plaza. Sin olvidar que torean, también, nada menos que Luis Bolívar y Cayetano Rivera. Hermoso es para los aficionados a los toros como el Messi para los del fútbol. Muchos lo saludan libreta y bolígrafo en mano, con el "por favor, maestro".

Este rejoneador, comparado con Belmonte o Manolete en su momento, por lo que ha cambiado el rejoneo, al darle más arte, más belleza, hacerlo más lento, sobre todo, más torero, explica:

"Lo mío es tratar de adaptar las cosas de los demás toreros, inclusive los de a pie, porque vi que se podía. He querido eliminar los tiempos muertos, darle protagonismo al toro, ligar unas suertes con otras". Y torear con los caballos como si estos fueran de seda.

"Que los toros les pasen los cuernos por la barriga sin tocarlos". O, después de poner un par de banderillas, llevarse al toro a centímetros con el caballo como una capa y, cuando casi lo araña con los cuernos, salir al lado contrario, como un niño en recreo.

Un día, a los 13 años, Pablo vio al rejoneador Álvaro Domecq y se dijo: "esto será lo mío". Sin imaginar que sería el más grande. Que pondría marcas, como enloquecer a la Real Maestranza de Sevilla al cortar rabo luego de 30 años que este trofeo no se daba allí. "Fue un sueño. Como decir 'ya di un paso en la historia' ".

Es un ídolo. Pero es sencillo, no se cree aún que sea el más grande. "Si me sintiera así, tendría que dejar mi profesión, porque sería llegar al máximo de lo que uno puede soñar en su vida. Tomo el halago solo como una responsabilidad más de lo que la gente espera de mí cada tarde. Eso me hace prepararme más para poder corresponder a todo eso que habla hoy de mí".

Y con la filosofía de que "se le puede dar una vuelta más a la tuerca, que siempre se puede crecer, que solo se cambia el arrojo del principio por la templanza de la madurez", es un incansable. Hasta sus caballos lo saben, según él.

Cuando no está de viaje o en una plaza, su trabajo diario es montar "porque vives por y para los caballos y los toros. Montas todo el día y en la tarde te das cuenta de que te falta montar algunos...". Y así se ha vuelto un descubridor de caballos de torear. Como el famoso 'Cagancho'. "Lo compré por 2.000 euros y terminó siendo el caballo más famoso en la historia del rejoneo".

'Cagancho', hoy de 25 años, ya con algunas canas, parecía torpe, no mostraba nada, un cualquiera. Hoy es el rey de la manada de unos 120 equinos que pastan en la finca en Navarra. Entre ellos, varios retirados. "Soy grato, y siento que mis compañeros de oficio deben morir a mi lado". Ha podio pasar como uno más, de no ser porque Pablo Hermoso, quien "aun sin una peseta" no lo vendió ni siquiera cuando llegó una chequera enorme, como un percherón, con un emisario que le dijo que escribiera la cifra que se le ocurriera por ese caballo. "Asústeme, sorpréndame, ponga una locura", le decían. "Le tenía fe y 'Cagancho' se quedó conmigo. Y una tarde, en un par de banderillas, me dijo lo que sería". Él y sus caballos hablan.

¿Cómo es eso? "Tienes que empezar a trabajar la equitación, a mejorar su movimiento, a crear equilibrio y un lenguaje que se puedan trasmitir mutuamente, para saber qué quiere el caballo.

Luego empiezas a darle técnica de torear con el carretón; a embestirle sin que haya peligro, le enseñas cómo aproximarse, cómo mantenerse recto en el embroque; a utilizar su cuerpo como una ballesta, o salir de un terreno peligroso. Todo eso, hacerlo con armonía y belleza. Cuando ya domine esa técnica, viene la prueba del valor y de su sensibilidad. Y ya lo empiezas a poner frente a un toro adiestrado, como paso previo a llevarlo a torear becerras en el campo. Es allí donde el caballo empieza a pasarte información y debes seguirlo para ver dónde le gusta estar frente al toro. Si en terreno corto, si quiere atacar un poco. Si le gusta dejarlo venir de lejos. Él te cuenta cosas. Y lo vas mejorando donde él puede ser más brillante. Te tienes que ganar la confianza de que cuando lo mandes entrar al toro, van a salir las cosas bien".

Lo que dicen ellos

Y hablando el idioma de los caballos, el número uno del mundo en 52 tardes en el 2010 cortó 107 orejas y fue calificado como el mejor del año. Ese mismo hombre que durante casi 1.800 tardes en su vida ha hecho ese rito de "poner un caballo entre tus piernas", y hacer lo que otros jamás alcanzaron. Entenderlos, oírlos.

Y en ese lenguaje, el rejoneador es capaz de hablar también por ellos: Pablo puede adivinar lo que de él diría 'Silveti': "Pablo es muy exigente, trabajamos mucho. No da tregua. Pero es un jinete amable con nosotros, jamás nos castiga, nunca se pone espuelas que nos hagan daño, jamás nos da bocados grandes que puedan lastimarnos. Todo con él es puro consentimiento, no sometimiento". (Hablan muy bonito los caballos).

'Ícaro', un hermoso bayo con cabos negros, triunfador en Madrid este año, a su vez dice que "no me cansan los viajes ni el duro trabajo, porque este es el oficio que me gusta y disfruto. Antes bien, Pablo no me deja meterme en los terrenos que yo quiero. Me gusta ser osado, meterme entre los pitones, poner mi hocico en la testuz del toro. Me cuida como a un niño travieso, porque sabe que en una de esas travesuras puede estar mi vida en juego".

Y 'Tiziano' -un bello tordo rodado-, un caballo banderillero, confiesa que "no me costó mucho aprender a hacer el quiebro ante un toro. No me gusta mucho doblegarme. A veces me ando a mi aire por la plaza. Y él me consiente y me deja tomar iniciativas". Y así pudieran seguir hablando nada menos que 'Patanegra' -ese ágil lusitano castaño-, 'Curro' -otro lusitano árabe castaño-, 'Saramago', un bayo reluciente, entre otros, que estaban en la plaza.

Están algo nerviosos, pero confiados en su compañero, con quien ha habido gloria, pero también dolor. 'Chenel' lo sabe bien, pues sufrió una cornada grave. Un toro casi lo destripa, pero como es valiente y torero ya lo olvidó. Y más lo sabe el torero, que tiene las piernas rotas por todas partes, lesiones de espalda, costillas afectadas, pero la afición es superior al miedo.

La del domingo será otra tarde de debut. Caballos y rejoneador esperan salir bien para viajar a México y después, a España. Pablo se encomendará a su fe, con ese anhelo de regresar a su hogar tranquilo. Allí lo esperan sus tres hijos y su esposa, quienes lo hacen sentir con los pies en la tierra, pues "por mucho que te adulen, tú eres Pablo, esposo, padre y hermano. Ellos, mis grandes amores, te hacen ver que más allá de una estrella eres una persona normal".

El que ha embrujado a México, Francia, Madrid, a toda España, estará este domingo en la Santamaría. "Quiero enviarles un mensaje de gratitud por tantos llamados que me han hecho. Vengo con toda la ilusión, con mis mejores caballos para dar el máximo. Intentaré no defraudarlos... Aunque la fiesta de los toros sale como Dios quiere".

LUIS NOÉ OCHOA


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