INFORMACION RELACIONADA

Pablo Hermoso de Mendoza se descubre en Diario de Navarra. Dentro de un apartado que la publicación titula MI MUNDO, Pablo descubre su parte más humana, sus aficiones, sus pasiones y sus gustos.

El reportaje va ilustrado con imágenes de Pablo, destacando una montado sobre NATIVO y jugando a uno de sus deportes favoritos:  LA PELOTA.

Pablo se confiesa hogareño, amante de la naturaleza, de montar a caballo, de México, de Navarra, de la pelota......

A continuación les ofrecemos el texto de este reportaje:

PABLO HERMOSO DE MENDOZA: REJONEADOR

"A LOS 14 AÑOS ESTABA PENDIENTE DEL DIARIO POR SI SALÍA EN EL ENCIERRO DE ESTELLA"

Se lo decía Gabriel García Márquez en México: "Pablo, has llegado tan alto que ya no me das envidia". Ahora, al cabo de los años, confiesa que comprende la frase porque "entiendo que cuando la popularidad se extiende demasiado es más una carga que una ventaja". Entrena más horas que un jinete olímpico, por eso, desde su entorno, tratan de aliviar su agenda de compromisos.

Reconoce que disfruta de lo mejor de varios mundos, de los caballos y de la pelota, de América y España, de la familia y de un universo que le admira y que va más allá de las gentes del toreo. Un día atiende a París Match, al otro a una televisión de Extremadura. Y, casi siempre, después de una jornada de trabajo físi­co que, aveces, comienza al amanecer y bajo cero. Podría haber elegido mejores climas, pero prefiere Estella. "Soy superfamiliar, y después de pasar ocho o nueve horas montando a caballo necesito estar con los hijos", tal vez porque, en ocasiones, cuando sus dos gemelos Paula y Guillermo (diez años) y a Alba (cinco años) le ven torear en TV cambian la atención hacia los dibujos animados.

"Aquí, el deportista de élite es el caballo", insiste, cuando habla de su pasión: el caballo, un animal cobarde, pero capaz de perder la vida por su jinete. "Y lo difícil es la ilusión. Es una profesión tan exigente, con tantos momentos duros de angustia, de miedo y de inseguridad que solamente los puedes solven­tar con ilusión. Cuando me ha faltado esa chispita de ilusión se desmoronaba mi mundo", admite.

¿Verse tantas veces en los medios de comunicación incomoda, produce una sensación extraña o es algo que va con el sueldo?

No me gusta verme en televisión porque, aunque sea una actuación importantísima, me da la sensación de que todo parece más normal. Se pierde la tensión de ese momento y todo se diluye. En cambio me fascina la fotografía. Puedo ver una fotografía cientos de veces y no me canso. A la imagen fotográfica le pongo la fantasía de todo lo que me trasmite.

¿Alguna foto de periódico de esas que permanecen en la memoria?

No me olvido la foto de la primera vez que toree en público. No había ido nunca a tentaderos y fue mi primera puesta de largo y mi primer entrenamiento. Fue en Estella.

¿Qué le decían sus familiares?

El teléfono pitaba. Llamaba toda la familia. ¿Has leído cómo te pone el Diario y qué foto tan bonita?, me preguntaban.

¿Y después?

Mi primera relación de lectura, de estar incluso pendiente del Diario y de ir a comprarlo, era con 14 años, cuando empecé a correr los encie­rros, primero en Estella y después en Pamplona. En Estella lo compraba temprano, pero en Pamplona me acuerdo que a las dos o tres de la mañana ya podía comprarlo en la Plaza del Castillo. E iba corriendo a ver si salía en alguna fotografía delante de los toros.

O sea, que desde niño calculaba ritmos y distancias con el toro...

Siempre digo que mi afición a los toros llega como se llega en mi tierra, corriendo vaquillas en la calle.

¿Por qué Titín es uno de sus personajes favoritos?-


Soy un superaficionado a la pelota. He sido seguidor de Retegui II a muerte y de todos los grandes. Lo que ocurre es que con Titín me une una gran amistad. Es que a estas alturas de mi profesión valoras a esa gente que ha durado tanto tiempo. Porque es cierto que es difícil llegar, pero mucho más difícil mantenerte. Y después de los veintitantos años que llevo te das cuenta del valor que tiene. Me hablan de jóvenes que aprietan, pero yo digo que me tenían que comer con papas, que tengo 44 años, todas las costillas rotas, los tobillos rotos que estoy echo un cromo. (Se ríe).

¿Otro personaje además de Titín?

Si algo me ha regalado la vida es la oportunidad de conocer a gente muy especial, a Pelé, a Nadia Comanecci, a García Márquez en una comida muy entrañable en México...He tendido una buena relación con Carlos Slim, una de las personas más brillantes del mundo.

¿Era Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, quien le quería comprar a Cagancho?

No. Él me patrocinó tres temporadas en México. Es como un patrocinio a Alonso en la Fórmula Uno

¿Y en esa madura juventud suya para qué es una buena edad? ¿Para echar el freno, para acelerar o para emprender nuevos cometidos?

El pie no se puede levantar nunca. Como dicen en México: para atrás no hay que ir ni para tomar impulso. Creo que es un buen momento para saborear las cosas. De joven vives sensaciones muy fuertes que no eres capaz de disfrutarlas.

¿Y qué ha aprendido de la vida? ¿Ofrecen mejores lecciones los hombres, los caballos o el toro?

Aprendes mucho, pero lo fundamental es que no te debes dejar influir por ni por los halagos, ni por las críticas, que debes ser consecuente y fiel contigo mismo y con tu concepto de vida. Tuve la suerte de no triunfar muy joven porque los elogios pueden hacer que no tengas los pies en el suelo cuando, en realidad, eres como los demás que sufres, sudas y tienes miedo.

¿Y cuáles son sus miedos?

Al revés de lo que la gente piensa, soy una persona insegura. Creo que es lo que me hace prepararme tanto. Que no me pueda sorprender nada si, por ejemplo, un caballo tiene un problema. Siempre tengo que tener un plan B.

¿Y de las otras cornadas o zancadillas de la vida cómo anda?

He tenido muchos apoyos y zancadillas, pero con lo bien que me ha ido prefiero resaltar lo bueno.

¿Qué deberíamos conocer los h­bitantes de ciudad de la cultura del caballo que no conocemos?

El caballo ha sido un aliado clave en la evolución humana. Lo que resaltaría del caballo es que, siendo un animal tan temeroso, es capaz de sobreponerse a todo por una alianza con el hombre. Un caballo no se enfrentaría jamás a nada en la naturaleza, ni a un perro. Pero aliado con una persona es capaz de morir como cantan los corridos mexicanos. Si tuviera que saltar al vacío, saltaría.

¿A Cagancho le encuentra alguna similitud con algún personaje?

Con cualquier artista que haya hecho de puente entre dos épocas. Se toreó de una manera hasta llegar a él; y partir de él el caballo alcanzó un protagonismo en el rejoneo que antes no lo tenía.

Dicen que Cagancho era feo, barrigón y con úlceras... ¿Se produjo un flechazo cuando lo descubrió en Portugal?

Hubo dos aspectos claves: tenía una buena genética con orígenes en caballos toreros. Pero a la vista era feo, con heridas en las manos que no sabíamos si se iban a poder curar, no tenía unos buenos movimientos...0tra cosa a su favor era el precio. Estaba en el precio bajo que yo podía pagar: unos 2000 euros de ahora. Cualquier caballo ha tenido más facilidad para aprender que él, pero con el  paso del tiempo ninguno ha crecido tanto como él. Su techo era altísimo, aunque fuera lentote y hubiera que dedicarle mucho tiempo, muchas horas y mucha gimnástica... Pero nunca decía que no. Tenía una capacidad de sufrimiento y de trabajo que le hizo llegar tan lejos.

¿Lo compró en una feria porque no lo quería nadie?

El propietario me pedía como 600.000 pesetas y yo le ofrecía unas 350.000 pesetas en escudos. Me dijo que me lo quedaba si al final de la feria nadie le daba ese dinero, pero al segundo día de la feria ya me estaba buscando porque veía que no se lo compraban.

"Ponga el doble de lo que vale", le ofrecieron y no lo vendió...¿Afecto o es que pensaba en la descendencia de Cagancho? Era romanticismo total. Era uno más de la familia. Sabía que si lo vendía nunca me lo hubiera perdonado yo ni mi gente.

¿El Oscar de su oficio lo concede la plaza de Lisboa o la de Madrid?

 El impulso mundial te lo da Madrid. Las Ventas es el trampolín que te cambia la vida para siempre en dos horas que dura una corrida. Pero en Lisboa, cuando estás bien allí, sabes que has triunfado con el público más entendido.

¿La mejor izquierda del país sigue siendo José Tomás?

Para mí, sí. Es que soy tomasista.

¿Resulta necesario exponerse a un riesgo vital por mantener su coherencia con la verdad del toreo?

Es necesario para él. Es su forma entender la vida bajo un concepto espiritual y del honor.

¿Cómo se ve dentro de 20 años?

Me gustaría transformarme y regresar a mis principios como persona, a ser un desconocido, a vivir tranquilo en el campo y a seguir montado a caballo.

PERFIL

Educar sin hacer daño


Tiene 44 años, pero hace 34, desde su épo­ca de campeón de hípica, averiguó que doma y dolor resultan incompati­bles, así que eligió trabajar más que nadie antes que usar la espuela. El tiempo le dio la razón. Un día, mojado en el sudor brillante de Cagancho, descubrió que al mejor caballo de la historia le fascinaba aproximarse al toro hasta robarle la mirada. Acercaba los pitones al territorio de su piel, insinuaba un beso suicida, y se iba inventando capotazos con la cola. La simbiosis perfecta: un solo pálpito, un solo pensamiento. "Llegas a ser como pareja de baile: te lleva y tú le llevas". Por eso, a Hermoso de Mendoza, no le dirán que emplea los atajos de doma escondiendo púas de obediencia inmediata. "Mimo y exigencia" es su lema.

MIS RINCONES DE PAPEL

"Emilio García me enseñó cómo saludar y matar a pie"

"Recuerdo que Emilio era como el asesor taurino de todos los chavales que queríamos ser to­reros". Se refiere al que señala como "amigo y maestro" Emilio García, crítico taurino de Diario de Navarra. "Era San Emilio, decíamos, porque estaba en esos momentos difíciles con el consejo perfecto. En mi caso, fue mi maestro antes de mi primer paseíllo en Pamplona en aquello que me correspondía hacer a pie, desde cómo saludar al presidente a la suerte de matar. Ensayamos con unos paquetes de paja. Y me debió enseñar muy bien porque en mi presentación tuve que matar a pie y lo hice a la primera".

¿De niño leía las páginas de toros?

Mi relación con el Diario va unida primero a mi afición por la hípica, pero recuerdo un recorte taurino enmarcado en mi casa. Era un niño de ocho años y, sin enterarme mucho qué hacía, me pusieron junto a una becerra. Recuerdo que el periódico ponía: "un niño prodigio del toreo a caballo", pero mis hermanas me tomaban el pelo por lo de niño prodigio y a mí me sentaba muy mal.

¿Qué le interesa ahora del periódico?

La cultura, y la sección de toros, pero quisiera tener tiempo para leer.

¿Y lo que se publica de usted?

Mi hermano lee todo. Recoge los recortes de prensa, pero incluso a nivel mundial. Es como una agencia. Cuando viajamos me comenta. Y eso me encanta Es que me exige tanto mi profesión que, de verdad, no tengo tiempo.

¿Y en su casa?

En la familia tengo una tía que guarda todos los recortes. Y me recuerda que cosas he dicho o no debo decir y me corrige. Todos los días se informa de lo que se dice de mí.