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El pasado martes día 6 de julio y con motivo de la actuación de Pablo Hermoso de Mendoza en la capital de su querida tierra navarra, Pamplona, la revista taurina 6 TOROS 6 dedicó a él su portada y varias páginas en su interior con una sustanciosa entrevista.

El reportaje fotográfico se rodó expresamente en tierras de la comunidad foral  y en lugares tan representativos en el camino de Santiago, el Monasterio de Eunate (centro geográfico de Navarra) y el puente romano de Puente la Reina. A continuación presentamos a Usted el texto al completo de esta entrevista realizada por Carlos Arévalo:

PABLO HERMOSO DE MENDOZA. HABLA EL MAESTRO

Veintiún años de alternativa. Quince mandando en el rejoneo. Protagonista de la revolución más decisiva del toreo ecuestre a lomos de dos siglos. Por eso, con Pablo Hermoso de Mendoza se puede hablar de muchas cosas. De equitación y del toreo. Del toro y del caballo. De los grandes maestros que le han influido: a pie y a caballo. Y de la vida. De la crisis, por ejemplo. Con riesgo a hablar de todo y de nada, 6TOROS6 se citó con el maestro navarro en su tierra, una semana antes de que reapareciera en Pamplona, primero en la ermita de la Virgen de Eunate. Luego estuvimos en Puente la Reina. Y allí charlamos, y comimos, en El Peregrino, un bello eslabón del Camino de Santiago. Nada de lo que dijo fue banal. Todo lo contrario. Pasen y lean.

 
Hay crisis para quien es una primera figura del toreo? ¿Cómo la asume quien está en todas las grandes ferias? ¿La entiende? ¿Es cosa de otros?

-El tema es serio, porque no afecta a un torero o a unos toreros determinados. Afecta a la Fiesta y, por tanto, nos afecta a todos. Per­onalmente, la he visto más en las plazas del sur. En Córdoba, en Granada, en Algeciras, que no registraron los llenos de otros años. En Nímes y Arles no la he sentido. Y presiento que en las plazas del norte se notará menos.

Pero está ahí y la Fiesta debe afrontarla. ¿Cómo?

Supongo que apretándonos todos el cinturón: propietarios de las plazas, empresarios, ganaderos y toreros. Es duro pero hay que ponerse a tono con la realidad. Han bajado los pisos y hasta muchos artículos de primera necesidad. Nosotros, si queremos llenar las plazas tendremos que hacer el espectáculo más accesible.

-¿Todo eso afecta a tu número de corridas?

-No. Este año torearé sesenta, porque son las que quiero torear.

-Dicen, o decían los aficionados a principios de temporada, que nadie discute tu categoría como torero, pero que este año tu cuadra no es la misma.

-Opino todo lo contrario. Y no porque deba decirlo, sino porque jamás me había visto con una cuadra tan larga y tan preparada. Hay hasta dos rejoneadores que se preparan en casa, cuyas cuadras están compuestas por caballos míos. Lo que pasa, y por eso entiendo a los aficionados, es que este año salí más presionado al no ir a Madrid. Y por eso, en las primeras comparecencias importantes saqué sólo a las figuras de mi cuadra. Luego, poco a poco, fui sacando a la nueva carnada, a "Unamuno", a "Baroja", y ahora todos ellos están a punto, en cualquier plaza y ante cualquier toro.

-Te veo muy literario

-(sonríe) Sí, este año tocan escritores. Recordarás que empecé poniendo a mis caballos nombres de toreros retirados, "Cagancho", "Mazzantini", "Albaicín", "Chenel"... Luego, cuando los demás hicieron lo mismo, decidí que debía cambiar. Pedí consejo a los aficionados en mi página web y recibí más de tres mil nombres. Pero tenía que encontrar un sentido a la nomenclatura de mi ganadería. Y así como las yeguadas portuguesas hierran todos los años a partir de una letra, yo decidí que cada año lo dominaría un gremio. Así, los de seis años son pintores, como "Van Gogh" o "Dalí"; los de cinco años, son delicatessen, como "Pata Negra" y "Caviar"; y los de cuatro años, literatos, como "Baroja", "Unamuno", "Machado". Quedan descolocados "Tiziano" y "Espartano", que son más antiguos. Y ahora tengo mucha ilusión en un potro al que voy a llamar "Gabo", en homenaje a García Márquez.

 -¿Te interesa García Márquez?

-Es un escritor que me gusta. Incluso pensé en llamar al caballo "Macondo", pero claro, Macondo no es un escritor. Además, a García Márquez le conocí en México, cené con él y fue estupendo. Aunque me dijo una cosa que me desconcertó: "Has llegado a un punto que ya no te envidio". Luego, cavilando, no supe si con eso quería decirme que yo en el rejoneo había llegado a un punto más alto que él en la literatura... pero eso no me parecía lógico, y entonces pensé que tal vez quería decirme que cuando se llega a determinado umbral de éxito, uno deja de ser dueño de sí mismo.

-¿Y es cierto?

-En mi caso, no. Por eso sigo viviendo en mi tierra. Podría haber elegido otro sitio con mejor clima para el toreo, o una zona más ecuestre. Pero me parecía importante estar cerca de mis raíces. La ventaja de este pueblo es que triunfes o no, tus relaciones con la gente son las mismas, la vida diaria es la misma. Y están tus hijos. Quieres que se eduquen como tú, que tengan los amigos en el mismo barrio. Además, aquí la gente no acosa como en otras partes. Sí, te sonríen cuando te ven y preguntan por la última corrida. Pero te dejan vivir.

-Da la sensación de que detestas el primer plano. Quizá por eso fuiste el primer rejoneador en dar protagonismo a los caballos. Hubo, por ejemplo, un tiempo en que no se sabía quién era más importante, tú o "Cagancho".

-No, mira, son muchos factores. Al principio, reconozco que me daba miedo la fama, administrar el dinero, las ruedas de prensa, las comidas sociales con gente famosa a la que no conoces. Pero a eso te acostumbras. Lo de los caballos es otra cosa. Yo tenía necesidad de que la gente se fijara en el caballo, que admirara conmigo sus prestaciones y que por esa vía entendiera más a fondo el toreo a caballo. Cuando un aficionado diferencia un caballo de otro, y siente el reencuentro con uno que es figura o el estímulo de ver otro que es novedad, ese aficionado ya empieza a serlo de verdad.

-Además, la suerte que has tenido es que a la postre el protagonismo ha revertido sobre ti, no sobre determinado caballo.

-Eso es lógico. Yo soy quien torea, y ello quienes torean conmigo. Por otra parte, ante la figura destacaba. Hoy, en las cuadras, no solo en la mía, hay varias figuras y el interés se reparte. En cuanto a lo del protagonismo, se trata de un regalo.

-No lo entiendo.

-Sí, a mí lo que me fascinaba al comenzar en el rejoneo era otra cosa: la magia. Esa con junción entre mi caballo y yo con el toro. Y conozco muy bien los caballos, desde niño. Sé de sus dificultades, de sus miedos. Y para mi era un misterio cómo podían lograr tanta armonía con el toro. Para mí, lo importante no era el dinero, ni la fama. Lo que yo quería era resolver ese misterio. Y trabajé mucho, la alta escuela que te descubre todos los secretos del caballo y el toro, que te descubre los secretos del toreo De modo que me puse a torear. Luego, lo de dinero, lo de la fama, fue un regalo. Ahora, que me jerarquicen sobre mis caballos, es otro regalo que no había buscado.

-¿Has bordeado ese misterio del toreo en alguna de tus faenas de este año?

-Quizá el otro día, en Algeciras. Porque al torero también le rondan cosas por la cabeza Es curioso, al día de hoy llevo mil setecientas treinta y seis corridas, mi hermano las lleva anotadas, y hay tardes en que me pregunto, ¿seré capaz? Y cuando salgo al ruedo y veo al público, me digo "tengo que ser capaz, por todos estos que han venido". Y cuando sale el toro sé que seré capaz... casi siempre. El otro día, nada más salir el de Bohórquez lo supe. Y toreé en libertad, mis caballos se sintieron libres. Yo ya no toreaba para ser alguien, para destacar, para ser figura. Toreaba porque a mí y a mis caballos nos gusta torear.

-¿Por qué les gusta torear a tus caballos?

-La doma es tener al caballo en disponibilidad. Obediente, equilibrado y en buena condición física. Y después, que la prueba del toreo, la salida de la suerte, le sea gratificante. Hay dos tipos de doma, una es forzada, basada en el miedo y en los artilugios que sujetan a la montura en la reunión, algo que no ven los públicos; y la doma por convencimiento, la que provoca la afición en el caballo, la que le hace sentirse libre al atacar, al reunirse con compromiso y salir confiado en sus recursos. Este tipo de doma depara caballos longevos, de larga carrera torera.

-Entonces, el temple...

-El temple es la capacidad de equilibrar el caballo a la velocidad del toro, que la unión se haga a compás. Y en algunos momentos, el caballo, con sus movimientos cambia la velocidad del toro, o cuando entra en su terreno y el toro, sorprendido, o porque ve la presa, se la reduce y la prolonga al terminar la ejecución de las suertes. Sin valor no hay temple. Y un caballo sin técnica no tiene valor y tampoco temple.

-Tenemos que hablar entonces de la verdad en el toreo a caballo.

-Las normas de la tauromaquia son estéticas y también éticas. Hay una que dice: no clavar nunca a toro pasado. Es básica: si tú eres más inteligente que el toro, debes darle prioridad, la ventaja en el ataque. Y tú debes ir de frente hacia él, como en la vida hay que ir de frente, en medio de la vía, para clavar cuando el toro está debajo, al estribo, y haciéndolo en perpendicularidad, siendo el cuarteo en la salida. Y no clavar a toro pasado, ni a la media vuelta.

-¿También a la hora de matar?

-Ahí hay que conjugar la verdad con la eficacia. Hoy se mata con el toro parado y haciendo una suerte de tiovivo. Yo lo comprendo.

¿De qué te sirve pegar cinco pinchazos de ley después de una buena faena, como yo hice en Sevilla este año? Pero la suerte no es así. Yo tengo un caballo, "Pirata", que me deja hacer la suerte de verdad, entregando el pecho en el cite, permitiéndome ver por delante, dejando llegar al toro y después que el pitón derecho le acaricie la grupa en la salida.

-¿Se puede hablar de torería en el caballo?

-La torería del rejoneador y del caballo se comparten. En el rejoneador, la emana su estar en la plaza y en la manera en que hace las suertes distintas según el caballo que monte, pero sin traicionar su estilo, sin perder su empaque. La torería es empaque. Y en el caballo es su expresión. Algunos tienen una expresión muy torera. Hay caballos que tienen poder pero menos expresión. Otros tienen clase, hasta son artistas, pero les falta rotundidad. Hay caballos largos, los que yo llamo completos, que reúnen todas esas cualidades. De esos he tenido tres o cuatro, nada más. "Cagancho" era muy largo de repertorio, genial en el ataque y en la salida, en corto y a media distancia. Y cuando iba, lo hacía de verdad. Me permitía faenas largas, como "Chenel" y "Albaicín". No así "Chicuelo", que era más artista que ellos. Los otros son caballos buenos, algunos extraordinarios, pero en determinados momentos, no con todos los toros. Ahora hay un rejoneador, Leonardo Hernández, que tiene dos caballos largos, asombrosos, con los que podría hacer una lidia completa. "Amatista" es un caballo fuera de lo común.

-¿Transmiten los caballos, como sementales, sus virtudes?

-Sí, pero ahí juega también la alquimia ganadera. Por ejemplo, "Cagancho" no da buenos hijos, pero sí buenos nietos. ¿Por qué? "Cagancho" era un genio que convirtió sus defectos en virtudes. Sus hijos portaban sus genes y también heredaban sus defectos. Pero yo los he cruzado con yeguas hijas de "Gallo", un caballo de clase y torería extraordinarias. Y ya algunos nietos conjugan las virtudes de "Cagancho" y de "Gallo". Éste es un semental infalible, lo he cruzado con lusitanas, con hannoverianas, con cuartos de milla, qué sé yo, y todos sus hijos salen toreros, a todos les transmite sus principales caracteres.

-¿Crees en la cruza?

-Creo en la cruza con sentido. Un día me dijo Fernando de la Mora, un ganadero mexicano que lleva años ahí arriba, que si había visto a un buen cocinero que hiciera un buen plato con un solo producto. El ganadero ha de hacer lo mismo, pero los sabores deben complementarse. Mira aquí, Núñez del Cuvillo, que no tiene empacho en buscar donde más le conviene. En la ganadería de caballos toreros hay muchas peculiaridades. Para empezar, el semental no es que lo hayas probado, es que has toreado con él por lo menos cuatro años. Conoces sus caracteres y los reconoces en sus hijos cuando los domas. Conoces a la madre, porque has toreado con ella o con su progenitor. Por eso, ha habido algún importante ganadero portugués que me ofreció un trato: regalarme un potro de gran linaje, torear con él y después cedérselo para algunas cubriciones. No estaba mal visto. Es lo que hago yo en mi casa.

-¿Cuándo empezaste la ganadería?

Hará unos quince años. Lo hice por afición... y por necesidad. Había llegado un momento en que me parecía torpe comprar caballos. Los probabas y la mayoría no servía, a pesar de su reata. Tampoco era plan ir a comprarlos a otros compañeros. Como siempre, la cosa fue lenta al principio. Pero ya tengo varias generaciones hechas en casa, sementales básicos, y ahora las cosas van deprisa, los resultados se ven de un año a otro.

-Veo, entre tus caballos, que apenas hay hijos de "Chenel".

-Es que no puede haberlos. Las cualidades de "Chenel" son intransferibles, poder, valor, inteligencia, pero menos clase, menos expresión. Prefiero mil veces a "Icaro", ese transmite clase, torería... el fondo ya lo pondrán las madres.

-Hablamos mucho del caballo y poco del torero. Y, sin embargo, tú has cambiado el rejoneo. ¿En dónde te miraste cuando empezabas?

-Aprendí mucho viendo a Vidrié, su sentido del temple, su empaque, la verdad con que hacía las suertes Además, comulgaba con si personalidad, para mí muy norteña, seria, sin alardes; aprendí también mucho a lado de Moura. Era difícil porque Moura es un genio todo intuición, pero no un buen pedagogo.  Te decía dale ahí, así y así. Terminé por asimilar su capacidad para entender e imponer su toreo grande a todo tipo de toros a fuerza de tiempo y d verle. En vídeo estudié al maestro Zoio. Me impresionó su verdad al ir en rectitud, sin un arrepentimiento al toro, su manera escalofriante de entrar en la suerte y cómo ésta parecía detenerse, congelada, en el momento de clavar. La casta y el valor se transformaban en arte.  Luego,    mi    modelo   fue Branco Nuncio. Vi varias películas que me comunicaron su sentido de la liturgia cómo el toreo y la vida en una misma cosa. Entonces comprendí el respeto al toro y al caballo, y respeté hasta los más mínimos detalles que componen fiesta. Su estar en el ruedo, aunque muy distinto, es equivalente al de José Tomás: lo que importa es el toreo, uno no es más que un intérprete de paso. Nuncio era un genio. No se puede imitar, pero sirve de modelo.

-Y tú, que has revolucionado el rejoneo ¿con qué te quedas de lo que has aportado

-Me quedo con pequeñas cosas, que para mí son grandes. Con la suerte bien hecha. Con esa reunión perfecta, en la que el toro obedece con ritmo y a compás hasta el final de la suerte y el equilibrio del caballo ha sido absoluto, sin que se le haya ido de más una mano, sin que sienta el menor esfuerzo cervical, con mando en las riendas pero casi libres. Con eso me quedo. Con esa íntima satisfacción. Algo que me pasa cuando veo torear a Morante.

-¿Y Pamplona? Después de tantos años qué satisfacciones esperas de Pamplona por ejemplo el día 6 de julio?

-Pamplona empezó conmigo en el rejoneo. Primero en novillada fuera de feria. Luego, en corrida mixta. Después, dentro del abono en corrida de rejoneo. Pamplona es mi casa, mi fiesta de cada año. Como puedes comprender, una tarde para disfrutar mucho y de demasiada responsabilidad.