2 de octubre de 2007

El caballo SARMATA ha fallecido en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid donde estaba siendo tratado de una neumonía, que se le fue complicando y que al final el equino no pudo superar.

Comenzó el caballo a sentirse mal el día 8 de septiembre después de torear en Valladolid y de ser pieza clave en el triunfo de su jinete. Al día siguiente en la plaza de Lucena, SARMATA amaneció con fiebre, la cual se le fue controlando, pero que le impidió actuar en esta plaza cordobesa. Toreó el día 11 en Moguer, ya que la fiebre había remitido, al igual que al día siguiente en Albacete. Esta sería su última actuación, ya que en la corrida de Guadalajara el caballo volvió a resentirse, quedándose al día siguiente en Estella para ser tratado por el veterinario Paco Ganuza. Ante el panorama que presentaba el caballo, se decidió trasladarlo a la Facultad de Veterinaria, donde recibió un tratamiento que estaba resultando del todo satisfactorio, hasta esta semana en la que el corazón del caballo dejó de latir.

SARMATA se había convertido en una de las máximas estrellas de la cuadra de Hermoso de Mendoza, sobre todo merced a ese valor y a esa agresividad que mostraba con el toro. Es curioso, porque fuera de la plaza, el caballo era muy manejable y muy dócil, e incapaz de dar un mordisco o una patada a nadie. En la plaza se transformaba y era un auténtico luchador. Famosos y también discutidos, fueron los mordiscos que el caballo lanzaba a los toros y que Pablo por su seguridad solo le permitía cuando el toro estaba moribundo. Un dato a resaltar es que el caballo no sabía el estado del toro, él solo veía un contrincante del que tenía que defenderse como mejor sabía: atacando.

SARMATA era un caballo cuarto milla con algo de sangre inglesa, lo que se conoce como apendix. No tenía una morfología especialmente bella, incluso sin engalanar era un caballo feo. Luego en la plaza esa torería y sobre todo esa expresión lo transformaban y lo convirtieron en el caballo favorito de gran parte del público.

Pablo lo adquirió en México, en los primeros meses de 2005 se lo compró al rejoneador mexicano Eduardo Cuevas. La idea del rejoneador navarro era utilizarlo de salida, dadas sus condiciones físicas. No tardó mucho Pablo en hacerle debutar y así el 26 de febrero de 2006 el caballo actuaba en la plaza nayarita de Tepic, haciéndolo en el primer toro y dejando muestras de su calidad, pero también de que el caballo tenía mucho que pulir.

En esa temporada SARMATA actuaría en ocho festejos más y especialmente espectacular resultaría su actuación en San Luís de la Paz donde a Pablo le resultaba especialmente difícil alejar al caballo del toro. Cada vez que se reunía con él para colocar una corta, el caballo se lanzaba al lomo del astado. Terminó con la boca manchada de sangre del lomo del toro. Veintisiete banderillas cortas, ocho rejones de castigo, seis rosas, un par de las largas a dos manos y once rejones de muerte fueron el balance numérico de esta primera temporada en la que enfrentó a doce toros.

Muchos más espectaculares resultarían sus números en su primera temporada en Europa donde actuó en sesenta y cuatro festejos y donde el navarro lo utilizó en doscientas setenta y siete banderillas cortas, ciento veintisiete de las rosas, veintidós banderillas largas y ciento treinta y dos rejones de muerte, aumentando el número de toros a ciento veintitrés. En estos momentos Pablo ya se había convencido de que SARMATA era caballo de último tercio y así lo utilizó desde el principio. Fue depurando y administrando esa agresividad, pero siempre dando muestras de su valor. Precisamente una de las escenas más recordadas del caballo ocurrió esa temporada en la Plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Al matar uno de los toros que Pablo lidió esa tarde, el navarro tras enterrar el rejón de muerte, saltó de SARMATA y se fue a hacer el desplante al toro. El caballo no hizo como todos los demás y en vez de irse directo hacia el patio de caballo, se quedó allí, mirando la escena de su amo. Hubo un momento en que el toro, en sus últimos espasmos, se fue por el jinete y entonces, como un rayo, surgió la figura de SARMATA entre Pablo y el toro, y se lanzó sobre el toro. Enseguida los subalternos y el propio Pablo lo retiraron de ahí, pero el caballo no se iba contento y todavía trató de irse por segunda vez al toro. No sufrió percance alguno, pero la imagen de SARMATA abandonando el ruedo, nuevamente manchado por la sangre del toro, quedó en la retina de todo el mundo y sobre todo el valor demostrado en un quite a cuerpo limpio a su jinete.
Fue la temporada de su definitiva consagración. Pablo firmó con él una de las temporadas más redondas en cuanto a resultados y es que era raro el toro que el navarro pinchaba subido en SARMATA. También esa temporada se produjo su bautismo de sangre y nuevamente SARMATA salió de la plaza ensangrentado, sólo que ahora la sangre era suya. Ocurrió en la negra tarde del 19 de septiembre en la plaza de toros La Ribera, de Logroño cuando un toro de Murube le atravesó la piel a la altura de su muslo derecho y le infringió una cornada de unos quince centímetros. No fue una cornada grave ni de larga recuperación, pero sí le tuvo en el dique seco en las tres únicas corridas que se perdió ese año. Guardo fiesta en Nimes, Murcia y Yepes, reapareciendo con éxito en la plaza de Zaragoza, donde el estellés cerraba su temporada.

Regreso de nuevo a su natal México a primeros de este año 2007, para volver a completar una temporada en la que no hizo pleno por un solo festejo. Se quedó sin actuar en Chapala (Jalisco), toreando en las otras treinta y cinco corridas en las que el navarro actuó. Ciento cincuenta y tres banderillas cortas, cincuenta y dos banderillas largas y cuarenta y tres rejones de muerte, frente a cuarenta y cuatro toros, en una gira en la que Pablo no lo empleaba en los dos toros, sino que lo alternaba con otros caballos jóvenes para irlos rodando.

Cuando comenzó la temporada 2007 en la localidad pacense de Almendralejo, nadie podía sospechar que esa iba a ser la última temporada de SARMATA en los ruedos. Nuevamente comenzó siendo un caballo fijo en las actuaciones de Pablo y solo los percances lo dejaron fuera de combate en quince festejos. En los otros cuarenta y nueve fue básico en los triunfos de Hermoso de Mendoza. Setenta y seis toros a los que que colocó doscientas sesenta y siete banderillas cortas, dos banderillas largas y ochenta y un rejones de muerte y una sola actuación en la que no fue utilizado por decisión de su jinete: en Lisboa. Como decimos de los festejos que se perdió SARMATA, siete lo fueron por motivos de la herida que en Bilbao se produjo al clavarse una espuela en su costado derecho debido a un golpe con el testuz del toro. Las otras ausencias, y más graves, fueron al final de temporada y se debieron a la enfermedad que al final acabaría con su vida y que nos ha privado a los aficionados del que posiblemente fue el mejor caballo de último tercio que ha habido en el toreo.

Extraña es la plaza que Pablo ha visitado en estos últimos años y la gente no preguntara por el “caballo que muerde”, por ese SARMATA, que como los guerreros de los que adoptó su nombre y que el navarro sacó de las leyendas artúricas, iba a la batalla cada vez que salía a una plaza. Lo que pasaba con SARMATA es que esa batalla, ese valor, enfrentado a un toro bravo, se convertía en torería, en belleza y cada una de sus actuaciones era un completo albúm de fotos.  Afortunadamente en las praderas de Estella ya pastan los primeros hijos de SARMATA y que esperemos que con el paso de los años, algunos de ellos, ocupen el lugar que su padre ha dejado en los ruedos del mundo y que nos tememos resultará casi imposible hasta entonces.