30 de enero de 2007

Ante la serie de especulaciones generadas a partir de las declaraciones que en una reciente conferencia de prensa expresaron los empresarios de la Plaza de toros México, y muy específicamente en relación al señalamiento en el sentido de que dependía de Pablo Hermoso de Mendoza y era él quien tenia la última palabra para actuar, o no, en la corrida programada para el próximo domingo 4 de febrero. El centauro navarro considera conveniente utilizar este, su espacio virtual, para ratificar la determinación ya manifestada con anterioridad en el sentido de no estar presente en tal festejo, como consecuencia de la serie de desavenencias y desencuentros que a lo largo de los últimos días se suscitaron en las negociaciones con quienes regentean los destinos del coso más grande del mundo. De entre las cuales se destaca con claridad la súbita revocación de la autorización que expresamente se le había concedido para celebrar una corrida de toros en San Miguel de Allende, Guanajuato; evento que debió de ser cancelado a escasos dos días de su realización, con el consiguiente perjuicio tanto para el rejoneador navarro, como muy especialmente para la afición de esta hospitalaria ciudad colonial, en donde existía una gran expectación por el festejo.

Fue precisamente a partir de esta lamentable determinación empresarial, cuando el coloso estellés tomó en definitiva la decisión de romper cualquier posibilidad de negociación con quienes llevan los destinos de la Monumental capitalina, acción que en lo particular le continua provocando un profundo pesar, ya que por el momento le aleja del escenario en donde apenas hace un año logró un triunfo histórico al obtener su segundo rabo en la México; pero muy especialmente porque le impide corresponder nuevamente con su entrega en el ruedo al cariño de una de las aficiones que más le quiere y admira.

Como colofón de este tema, Hermoso de Mendoza desea reiterar una vez más que lo único que pretende con tal actitud es el mantener y hacer valer su dignidad profesional, forjada a base de esfuerzos, sacrificios e incluso de episodios amargos como este; y que por lo mismo se encuentra sólidamente sustentada en las más profundas de sus convicciones. Para el caballista navarro la seriedad y el respeto ocupan un lugar definitivo dentro de la forma que tiene para actuar y proceder, y por lo tanto constituye su mayor exigencia hacia quienes desean contar con su nombre dentro de un cartel para un festejo taurino.