Abril 8 de 2003 l ATENDIENDO SUS PETICIONES, PRESENTAMOS A USTEDES EL ARTÍCULO "CAGANCHO" CRUZA LA PUERTA GRANDE DE LA LIBERTAD; ESCRITO POR JAVIER ARIZALETA PARA EL DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA  
 


DIARIO DE NOTICIAS (www.noticiasdenavarra.com) POR JAVIER ARIZALETA

"CAGANCHO" CRUZA LA PUERTA GRANDE DE LA LIBERTAD

Es probable que Pablo no apruebe este gesto de Cagancho en la fotografía al soltarlo en la pradera. Si pudiera lo corregiría ligeramente porque el rejoneador, ya se sabe, es el maestro de los pequeños detalles, esos que marcan la diferencia entre el apaño y el arte. Pero a orillas del Ega, Cagancho entró por la puerta grande de su merecido descanso imitando la grandeza y serenidad de la sierra de Lóquiz. Regresa a su tierra con la normalidad con la que ha cruzado, de plaza en plaza, todo el uno. Hasta que le terminen su cuadra de Noveleta estrenará jubilación en los frescos pastos de Acedo, donde la primavera le aguarda con perfume de boj y encinar. Sólo Pablo sabe si es consciente de que sus días de gloria y ovaciones han pasado pero, incluso en el campo, su porte sigue siendo espectacular.

Una vida dedicada a su dueño y al difícil arte de diseñar piruetas imposibles, mil momentos de jugársela al límite de sus posibilidades. Sus días a partir de ahora serán los del príncipe despojado de sus galas, un animal mitológico cuya única aspiración es la de arrancar a bocados el trébol verde y restañar sus viejas heridas en el polvo del camino. Su viaje de ida y vuelta ha resultado todo un éxito porque aquí está con su trote altivo para el resto de sus días después de haberle ganado a la muerte todas las partidas de cara y cruz.

Cagancho formará parte del paisaje de la merindad con la humildad de cualquier yegua de Urbasa. Ahora tendrá todo el tiempo para aprender los signos que indican peligro para el resto de la manada. Poner a prueba su instinto, entender el lenguaje de los vientos del sur y vigilar las cumbres de Yoar por si se enredan de pedrisco y rayos las nubes o las brumas bajas de Urbasa que predicen las tormentas de invierno. Nada que ver con el portazo de toriles, el trajín y los nervios en los patios de caballos, los cornetazos de los cambios de tercio, el ruido monótono del motor del camión en el frenético calendario taurino.

Basta ya de jugar a la ruleta rusa de las ferias. Ha llegado la hora del susurro del cauce del Ega, el pasto fresco, las moscas impenitentes y lo mejor de la yeguada. Atrás quedan los voceríos, las ovaciones y los tumultos. El caballo torero que fue tallado con la minuciosidad de un escultor y la ambición de un emperador tramita sus días en la espera tranquila del atardecer en la Berruela y la expectación de los amaneceres de Montejurra. Desde el refugio de su cuadra hasta lo más recóndito de la pradera, Cagancho comienza nuevos días de esplendor en los que recordar como ecos lejanos los triunfos: Sevilla, Pamplona, Madrid, México. La alegría de todos y cada uno de los momentos irrepetibles y aquellos otros que estuvieron a punto de costarle la vida. Sin los ornamentos y sin el murmullo de la plaza, la estampa de Cagancho en el horizonte es un hermoso regalo y un privilegio verle cruzar la puerta grande de nuestra merindad.


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