Febrero 16 de 2001 l ENTREVISTA EN LA REVISTA QUIEN DE FEBRERO 2001  
 

El rejoneador más aclamado de la historia PABLO HERMOSO DE MENDOZA recibió a QUIEN en el Rancho de San Miguel de Allende, donde vive desde octubre y hasta marzo para completar su campaña en México.

Entrevista de Pablo Hermoso de Mendoza en la Revista QUIEN, número 10, de febrero de 2001, por Blanca Gómez Morera.

¿Que clase de torero es éste que no reza antes de salir al ruedo, no brinda sus faenas y comprende el reclamo de los ecologistas?. Este tipo se atreve a decir que puede vivir sin el toro, sin embargo, señores, es el mejor torero del mundo. Si no el mejor del mundo, porque como él mismo explica: "se sabe que el mejor atleta del mundo es el que le ha ganado a todos, cosa que no puede ocurrir en el toreo", sí es el torero de a caballo que más triunfos ha conquistado en toda la historia de la tauromaquia. Ha sido pionero en tres de las plazas más importantes: la México (el único rejoneador premiado con rabo y dos orejas el 5 de febrero de 2000), Las Ventas en Madrid (el único caballero que ha abierto la Puerta Grande) y La Maestranza en Sevilla (salió en hombros por la Puerta del Príncipe).

Definitivamente Pablo Hermoso de Mendoza no es un torero común, de entrada, porque no torea con muleta y capote como casi todas las figuras de hoy día. Su arte es el rejoneo, la modalidad taurina más antigua que existe, incluso anterior al toreo de a pie. Este español no recuerda cuándo comenzó a montar; lo que sí sabe con certeza es que esa actividad es como su droga. "Puedo estar un mes sin torear y vivo feliz, pero me voy cinco días de vacaciones y ya empiezo a necesitar montar. Siendo sólo jinete podría encontrarle sentido a mi vida. No podría vivir sin el caballo y sin el toro sí".

Es raro verlo sentado en otra cosa que no sea un caballo, pero esta vez se acomoda en un sillón del Rancho San Javier de San Miguel Allende, Guanajuato, para platicar con QUIEN. El Rancho le fué ofrecido por su amigo Javier Rodríguez, y le sirve como sede de la gira que realiza por México desde Octubre. Aquí cuenta con espacio suficiente para entrenar y hospedar en las caballerizas a los 26 ejemplares que viajaron con él desde España.

Fuera de la plaza parece una persona como cualquiera otra. Algo flaco, los ojos pestañudos, la actitud tranquila y la conversación fácil, no es el fenómeno por el que Telmex paga millones con tal de asociarse a su imagen. En plena Temporada Grande, mientras Rafael Herrerías, el empresario de la Plaza México, tardaba en arreglar sus disputas con Enrique Martín Arranz, el apoderado de Pablo, y la afición tenía que resignarse a no verlo torear en el gran coso, la compañía de Carlos Slim le patrocinó más de cincuenta corridas en varios estados de la República y prácticamente retacó todas las plazas.

El no sabe con certeza cuantas temporadas de éstas incluye la reciente alianza "quizás dos o tres años más". Prefiere no meterse ni en pleitos, ni en negociaciones, pero ha pedido una sola cosa: "torear en la Plaza México el día grande" (el 5 de febrero, aniversario de la plaza. No se quiere ir del país sin haber disfrutado de esos "olés", "que no suenan en ninguna otra plaza del mundo".

Matador con vocación de padre.

En el discurso de Pablo Hermoso de Mendoza los animales adquieren dignidad de personas. Se refiere a los caballos como atletas y como toreros, ya habla de su personalidad y de su psicología. Es este el torero que podría conciliar taurófilos con ecologistas, porque el mismo reconoce un contrasentido en su vida al amar a los animales y dedicarse a matarlos.

"Jamás intentaría convencer a un ecologista de que esto no es así de dramático, porque la verdad es que sí lo es. Pero yo veo la fiesta menos cruenta, primero porque el toro bravo es un animal fiero que está en una pelea, igual que se pelea en el campo con otros toros; pero aquí el siempre se siente victorioso, porque persigue, y siente que aquello que persigue huye atemorizado de él todo el tiempo. La hora de la muerte tampoco siento que sea tan cruenta: el toro siempre está orgulloso hasta que de repente se ve muerto: como el torero sigue siempre huyendo, nunca ha podido acobardarlo, ni achicarlo moralmente. En cambio ves un toro manso en el matadero....huele la sangre, le dan con una pila eléctrica, ve a sus hermanos delante de él -uno muerto, el otro despellejado, el otro colgado ahí- y brama de terror. Un toro bravo pocas veces berrea en la plaza".

Otra de las cosas que hace a Pablo Hermoso de Mendoza un torero atípico es que nunca reza antes de torear "porque, aunque me apetece, me parecería algo egoísta rezar solo cuando me conviene; prefiero pedir para los míos". Los suyos más próximos se llaman Miren, su esposa y Guillermo y Paula, sus gemelos de un año y cuatro meses de edad. Ellos son un tema que le importa especialmente: "A pesar de que siempre que no estoy toreando estamos juntos, siento que mi profesión no me deja estar lo relajado que quisiera con ellos. Veo que los niños me necesitan. Guillermo me ve salir de la habitación, deja los juguetes y sale corriendo detrás de mí. Tiene miedo de que me vaya, porque sabe que cuando me voy es por varios días". Tanto le inquieta a Pablo este asunto, que evalúa la posibilidad de tomar un año sabático para dedicarse a su familia. También considera que su carrera no puede durar mucho tiempo, "a lo mejor dos o tres años más", ya que se cree incapaz de mantener la intensidad y la entrega con las que vive su profesión hoy en día.

Estrella nacido en idem.

Pablo siente el compromiso de apoyar a quienes empiezan, no sólo compartiendo con ellos su nombre en los carteles, sino también en la demostración de su talento. Está convencido de que su brillo, lejos de opacar, ha reivindicado al rejoneo. Y sí, Pablo puede presumir de haber resucitado el torero a caballo. La técnica de la escuela portuguesa, heredada de Joao Moura, unida a cierto estilo de lidia española y a esa comunicación casi telepática que entabla con los animales, lo han convertido en fenómeno. Quizá no es casual que el sitio donde nacio hace 34 años se llame Estella, en Navarra.

Muy pegado a la carrera de Pablo está su hermano Juan Andrés, que es su acompañante y, por superstición, su mozo de espadas. "Le gusta entregarme personalmente el primer rejón, darme el agua y que yo la coja con la mano derecha". En esto sí, como buen torero, Pablo confiesa creer cada vez más: "sé que son tonterías pero he adquirido las supersticiones que ya existen (me molesta que alguien del público vaya de amarillo, y si tengo que andar 40 kilómetros para evitar que un gato negro me pase por delante, lo hago), y con el tiempo voy creando las propias (nunca permito que salga el toro sin antes haber tocado yo las orejas del caballo)". Como si fuera tan humano como los demás, este centauro de nuestro siglo explica la clave de su torería: "antes le infundían al caballo un temor mayor hacía el jinete para conseguir que se acercase a un temor menor, que era el toro. Así no se podía hacer arte. Yo siempre busqué ganarme la confianza del caballo, ser un aliado suyo. Cuando un caballo tiene intuición torera, no hay que robarle su personalidad, hay que intentar acoplarte a él, como si se tratara de una parea de baile".

Lo cierto es que Pablo vive para su vocación las 24 horas del día: "uno tiene que estar todo el tiempo pensando en eso, porque muchas veces, en el momento más inesperado, descubres el secreto de la personalidad de un caballo". Así, como la chispa inspiradora de los artistas. Y es esa chispa la que arranca "olés" frenéticos y lágrimas de emoción igual al público conocedor que al espectador novato; la misma chispa que le provoca un día brindar un toro, sólo cuando de verdad le nace hacerlo. "En eso soy muy austero; si hubiese brindado todos mis toros (no sé, llevaría 800, 1000), un brindis mío no tendría valor. Puedo contar con los dedos de la mano los que he hecho en mi carrera: no más de siete u ocho".

- ¿Entonces no sólo es un espectáculo verte torear, sino también verte brindar un toro?

- Es que, de verdad, lo hago como algo especial en mi vida.


REGRESAR
PAGINA PRINCIPAL