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Doma

He llegado a un punto en que mi equitación, la manera de trabajar el caballo, intento que sea tan cadenciosa, que sea como una sesión de yoga donde el caballo disfrute de todo lo que hace, donde controlo su respiración, sus movimientos y sus estiramientos."

- Pablo Hermoso de Mendoza -

La doma es el medio que ha permitido a Pablo Hermoso de Mendoza aprovechar al máximo el potencial de cada uno de sus caballos toreros, favoreciendo su flexibilidad y convirtiéndolos en auténticas muletas de 500 kilos de expresividad.

Apasionado defensor de la doma clásica, Pablo ha sabido conjugar la experiencia y los conocimientos adquiridos en todo estos años de contacto tan cercano con el mundo equino, enfocándolos hasta conseguir que sus monturas se conviertan en engaños con múltiples posibilidades de aprovechamiento a la hora de estar en el ruedo frente al toro. Tal logro involucra un trabajo exhaustivo en el adiestramiento e implica que los equinos utilicen y exploten gran parte de su anatomía a favor de la lidia, siendo capaces de tocar y tirar de los toros mediante el movimiento de partes específicas de su cuerpo; desde la cola, con la que ha llegado a tirar de los toros cual si fuera la punta de una muleta, hasta el cuello, elemento tan sutil a la hora de realizar los cites, sin dejar de mencionar la forma en que puede llegar a desplazar las embestidas con el cuarto delantero del caballo o la misma grupa.

Para entender los alcances de la doma en la concepción de Hermoso, se debe partir de una premisa concreta: la doma no es solo mando sino también fidelidad. El caballo confía en su jinete, que es quien le manda, y da total crédito a un empeño en el que no cree. Pero va al toro, sinónimo de peligro, por esa misma fidelidad hacia quien le monta. Cuando las cosas salen bien y supera avante ese peligro, el caballo ha subido otro peldaño en la escala de su valor. La doma clásica es más acople que sometimiento, mas fidelidad que temor, Y aunque el caballo ha de sentir siempre la autoridad de quien le monta, no habrá nunca temple en el toreo si no existe un acople total entre jinete y corcel.

Los caballos de Hermoso de Mendoza son seres libres, embocados de forma muy liviana y con sillas recortadas que les otorgan mayor libertad en sus movimientos. Pablo procura improvisar con ellos un ballet ecuestre, teniendo como partitura las condiciones con las que cado toro sale a la plaza. El sugiere, mediante ayudas imperceptibles, las suertes que en cada momento de la lidia crearán mayor belleza y torería, consintiendo a sus equinos, sin lastimarlos. Los dos se deben fundir como una pareja de baile, para poder deslizarse al mismo compás, sentir la misma ingravidez, en suma tener una comunión total y ponerla de manifiesto en la cara del toro.

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