VACAS LOCAS Y EL COSTALERO

Resumen

Nuevo episodio poco conocido del centauro navarro, en esta ocasión ambientado en la época de otra crisis sanitaria que en su momento revolucionó a la industria alimenticia.

Autor  |  Medio

Juan Andrés Hermoso de Mendoza  |  pablohermoso.net

Fecha

25 de Mayo de 2020

País

España

VACAS LOCAS Y EL COSTALERO

En los primeros meses de 2001 se comenzó a conocer que muchos animales estaban afectados por lo que se llamó la enfermedad de las Vacas Locas (el 98% de los casos en el Reino Unido).

Cundió la alarma. El motivo era que, a diferencia del resto de encefalopatías espongiformes bovinas, ésta podía afectar ahora a los seres humanos a través del consumo de ciertas partes de vacuno denominadas MER (partes nerviosas, sesos, intestinos etc). En España se contabilizaron 5 víctimas mortales. La crisis supuso una revolución en los controles de seguridad alimentaria.

La Unión Europea entonces tomó medidas drásticas e implantó un plan de vigilancia y control en los animales y por supuesto el toro bravo no estaba exento. Se prohibió la comercialización de las carnes de los toros apuntillados en las plazas y se dictaminó, que acto seguido a su muerte, los toros debían de ser incinerados, dado que no había garantía de salubridad en las puntillas que utilizaban los terceros de las cuadrillas.

La temporada taurina comenzó tambaleándose por este motivo, ya que el dinero que supone la carne de los toros bravos después de lidiados es un soporte importante para cada una de las empresas que programa corridas de toros. Las ferias se fueron dando y los toros eran trasladados a incineradoras para ser quemados una vez muertos y por lo tanto su carne desaprovechada por motivos de salud.

A media que el año transcurría, iban apareciendo nuevas informaciones y se iban descubriendo nuevos métodos para que la carne fuese apta para el consumo. Así, una de las soluciones que se dio, fue el apuntillar los toros con una pistola de aire comprimido al igual que se hace en los mataderos. Así el percutor de la pistola una vez realizada su función, es desinfectado por la propia pistola y listo para el próximo disparo.

El 14 de julio de ese año, fecha del “pobre de mí” sanferminero, Pablo toreaba en la plaza de toros de Villafranca de los Barros (Badajoz) un festejo nocturno junto a Javier Buendía y Sergio Galán. La plaza nueva, con apenas nueve años de su inauguración, registró la mejor entrada desde su apertura y lo cierto es que los asistentes no eran conscientes de que estaban asistiendo a una noche con mucha historia.

Una historia que comenzó precisamente con el entradón que hubo en ese festejo, en el que se rozó el lleno y puso el listón muy alto para posteriores festejos.

La segunda, es que en esa corrida fue la primera ocasión, por lo menos en cuanto a actuaciones de Pablo Hermoso de Mendoza, donde se utilizó la pistola de aire comprimido para apuntillar al toro. Resultó totalmente Kafkiano ver a los puntilleros vestidos de luces, acercarse al toro con una pistola en la mano para darles el llamado tiro de gracia.

Fue una solución válida para que la carne de los toros, esa noche de la Viuda de Flores Tassara, se pudiera analizar y consumir posteriormente y así, todo el mundo dio por bueno la sorprendente puesta en escena.

Y la tercera de las sorpresas que nos traería la noche no quedaría resuelta hasta años atrás. Y es que en aquel festejo, Pablo obtuvo tres orejas de sus dos toros lidiados y naturalmente al final abandonó el ruedo a hombros de los costaleros locales. En este caso un joven y un niño de unos doce años que lo acompañaba en la salida. No sería hasta el 2014 cuando repasando unas fotos solicitadas para alguno de los actos del 20 aniversario de la alternativa de Pablo, me fijé y reconocí al costalero que no era otro que David Benegas, actual mozo de espadas de Miguel Ángel Perera.

A los días coincidimos con David, en un hotel de Zafra, donde Perera había toreado el sábado de feria y Pablo lo hacía el domingo. Eso nos hizo juntarnos de casualidad en el restaurante a la hora del desayuno y le mostré la foto. Cuando David la vio, lanzó un grito de sorpresa que no era tanto por él, sino por el niño que le acompañaba.

-       No sabes quién es el niño?, preguntó David.

-       La verdad es que ni me he fijado en el niño, te vi a ti y ya no reparé en más.- fue mi respuesta.

-       El chaval es ¡!!!Alejandro Talavante!!!!, que tendría unos doce años y me acompañaba a todos esos fregaos…

Mi sorpresa fue mayúscula porque nunca podía imaginarme que aquel chavalín fuese una de las figuras más importantes del escalafón de los últimos años y además uno de los más admirados y queridos por mí y desde entonces guardo aquella foto como una auténtica joya y una de mis favoritas de todo mi amplio archivo.

Esta es la historia de un festejo que a priori nunca debería de haber tenido tanta historia pero que las circunstancias la convirtieron en una fecha un tanto especial:

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