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Por Juan Miguel Núñez

MADRID SE RINDE A LA MAGIA DE HERMOSO DE MENDOZA

Remató mal la extraordinaria faena a su segundo toro, y sólo se llevó una oreja

El estellés dio una lección de rejoneo, por su dominio de los caballos y la precisión al ejecutar las suertes

Sin el tono festivo al uso en otras plazas y en ésta misma en otros tiempos, la corrida se desarrolló ajustándose a los principios de seriedad y rigurosidad de cualquier festejo de a pie. Lo que quiere decir que la oreja que cortó Hermoso de Mendoza en el quinto está respaldada por muchos merecimientos a pesar incluso de las dos veces que tuvo que atacar en la suerte suprema y del descabello final.

Una oreja de ley, y dos más que perdió el navarro en esta suerte.

Sólo dos orejas en un gran espectáculo en el que como era de esperar Pablo Hermoso de Mendoza fue la gran estrella.

Posiblemente su faena al quinto haya sido la mejor de toda su carrera en esta plaza, exceptuando naturalmente el contratiempo al matar. Fue una lección de rejoneo en todos los órdenes, por el arrojo y torería de los caballos que montó y por la precisión en la ejecución de las suertes.

Habría que subrayar los nombres de Chenel , un castaño oscuro que arriesgó una barbaridad en los cites en corto y quiebros ajustadísimos en banderillas, y no se diga del tordo Campogrande , valiente de más, por la forma de arriesgar y meterse en los terrenos del astado.

La plaza fue un clamor continuo, apasionada entrega del público con el jinete, y éste a su vez junto con sus caballos con el toro. Dicho queda que si no es por ese pinchazo previo y descabello posterior al rejón de muerte, hubiera cortado las dos orejas.

Pero no fue eso sólo la hazaña del navarro, ya que en el anterior rozó también un triunfo importante. En esta faena, dos caballos asimismo con nombre propio, Labrit por sus quiebros con el jinete sin arma, y Chicuelo por las piruetas a la salida de banderillas. Aquí también perdió un trofeo en la suerte suprema.