FECHA 17 de Agosto de 2005
LUGAR Plaza de toros de Illumbe en San Sebastián, Guipuzcoa, España
ENTRADA Casi lleno
TOROS
RESEÑA Pablo Hermoso de Mendoza (oreja y oreja)
Miguel Abellán (silencio y silencio)
Sebastián Castella (silencio y silencio)
CABALLOS UTILIZADOS

Primer toro de la Ganadería de Los Espartales, número 17, 550 Kg, de nombre Mayordomo II: De salida CURRO (2 rejones de castigo); en banderillas CHENEL (4 banderillas); y para el último tercio FOSFORO (tres cortas y un rejón de muerte).

Segundo toro de la Ganadería de Los Espartales, número 9, 580 Kg, de nombre Cantaor: De salida EXCALIBUR (2 rejones de castigo); en banderillas LABRIT (2 banderillas) y MONTERREY (2 banderillas); y para el último tercio FOSFORO (3 rosas y un rejón de muerte).

OTROS CABALLOS DESPLAZADOS

ZAPATA, CHICUELO, SILVETI y DOMINGUIN

   
 

El público donostiarra volvió a acudir mayoritariamente a la llamada del rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Si bien esta vez no se terminó el boletaje, apenas quedaron algunas entradas altas de sol en las taquillas. La entrada ha sido la mejor de lo que va de Feria y sin duda será la mejor de lo que queda de ella.

Y acertaron los espectadores en elegir esta corrida, porque en ella se han visto lo mejores momentos hasta el día de hoy y fueron protagonizados por el rejoneador de Estella.

El toreo total. Así se podía definir la primera labor de Pablo ante el gran toro de Los Espartales que lidió ayer para abrir la tarde en Illumbe. Toreo total, faena perfecta, sólo el lunar del rejón de muerte, entendimiento de terrenos y visión de las posibilidades del toro. De todo hizo ayer gala el caballero de Estella y firmó una de las faenas cumbres de la temporada.

El toro, como buen ejemplar de encaste murubeño, apenas se fijaba en CURRO cuando salió al ruedo. Pablo lo llevaba una y otra vez a su encuentro, pero este, tras una cortita embestida, se volvía hacia tablas. No obstante el toro presagiaba calidad en sus cortitas embestidas. Tras varios intentos de colocarlo en suerte, al fin le coloca el primer rejón de castigo y aquí el toro se transforma. Ahora acude a cada llamada del centauro y se rebosa en cada embestida, como en dos toreras reuniones sin clavar en las que se desplazó desde el pecho del caballo hasta su cola. Tras colocar otro rejón de castigo, ambos perfectos de ejecución y de colocación, Pablo fue al patio de caballo a por CHENEL y ambos dispuestos a poner Illumbe boca abajo se presentaron en su humedo albero. Unos segundos de tanteo y toro y caballo ya eran un solo cuerpo, con la única unión de los pelos del caballo y el testuz del toro. Largos y templados galopes a dos pistas, precedieron a la primera reunión. Caballo y toro frente a frente, momento de duda de CHENEL y el caballo queda a merced del toro…..pero ni si quiera llegó a haber contacto. Esa agilidad que tiene el caballo le hizo salir de una cogida segura, sin un solo roce. En la plaza no nos explicamos cómo, pero lo hizo. Después la primera banderilla, al sesgo, precedió a un nuevo galope a dos pistas, rematado con un trincherazo ajustado, como toda la faena. Tras este recorte, se cruzaron miradas entre el propio Pablo y Antonio Chenel “Antoñete”, quien emocionado asistía a la apoteosis de su tocayo equino en una barrera. Pablo se acercó a él, le entregó el sombrero y le brindó la siguiente banderilla. Hasta cuatro banderillas, la última en los medios, sin apenas distancia entre el estribo y el pitón del toro. Posiblemente, junto con el tercio de Madrid, fueron los mejores minutos de la temporada. Se retiró CHENEL en olor de multitudes y apareció FOSFORO, que no se dejó ganar en emoción y transmisión por su compañero de cuadra. Tres banderillas cortas en un suspiro dieron paso a varios desplantes del “teléfono” y a una ovación, como todavía no se había escuchado esta temporada en Illumbe. Faltaba firmar la faena, faltaba un buen rejón de muerte y Pablo estaba en racha….pero esta racha se truncó a medias. El navarro se tiró arriba, enterró medio rejón y el toro cayó sin puntilla casi al instante. Los espectadores saltaron y comenzaron a pedir las orejas para el estellés, que se tuvo que conformar con una sóla, porque la presidencia estimó que el toro había caído descordado.

Al finalizar la corrida, el propio Presidente de la corrida, Sr. Turudi, llamó personalmente por teléfono a Pablo para reconocer su error, ya que los veterinarios le habían certificado que el rejón no había tocado la médula, sino que había partido el corazón del toro, provocando la muerte instantánea. Todo esto lo comprobaron los propios veterinarios en el desolladero donde al abrir el toro, se pudieron comprobar los anteriores extremos.

Ignorando estos hechos, que serían conocidos con posterioridad, la presidencia no otorgó más que una oreja, escuchando la tremenda bronca del respetable por la no concesión de la segunda. Desgraciadamente, en el toreo, la democracia no ha llegado y todavía la decisión de uno prevalece sobre la mayoría.

Respecto a esto, las cosas, afortunadamente están cambiando y en la nueva redacción del reglamento taurino en Andalucía, se contempla que tanto la segunda, como la primera oreja, serán potestad del público, quitando así el absurdo protagonismo de muchos presidentes en negar los segundos trofeos. Espero que muchos reglamentos tomen ejemplo del andaluz y entre los muchos cambios que debe haber, esté el citado anteriormente.

Con la resaca de esta actuación, Pablo se enfrentó al cuarto, un toro más “altón” y con mucha menos calidad que su hermano. Más parado y reservón, casi todo lo tuvo que hacer Hermoso de Mendoza. Sí coincidió con el primero en lo abanto y despistado de salida. Enmendó la plaza EXCALIBUR con dos rejones de castigo, peri si apenas vistosidad, por la poca oposición de un toro que incluso tras el primer rejón de castigo, saltó al callejón. En banderillas LABRIT dejó constancia de sus quiebros y de su colocar al toro en suerte y MONTERREY de ese toreo circular y frontal que cada día borda mejor el caballo mexicano. Pero a todo le faltaba la emoción. Un poco por la nula ayuda del toro y otro poco por que Pablo se había colocado el listón muy alto. Subió la temperatura de los tendidos con FOSFORO en la colocación de la primera rosa, pero luego el toro se fue a tablas y mucho tuvieron que trabajar caballo y caballero para poder colocarle la segunda. La prontitud del rejón de muerte y el trabajo sordo efectuado por Pablo y sus caballos hicieron que el público solicitara mayoritariamente una oreja, que si bien no abre la Puerta Grande del Coso de Illumbe, sí que redondea una tarde en la que nunca Pablo debió de salir por su propio pie.