Como cada año sucede, la Monumental de Morelia volverá este martes a ser el escenario de la tradicional corrida nocturna programada con motivo de los tradicionales festejos mexicanos del día 2 de noviembre “día de los muertos”.

La bella y colonial capital del estado de Michoacán cuenta con dos plaza de toros, la ya citada monumental y otra más moderna y funcional, “El Palacio del Arte”. Siendo precisamente en este escenario donde se produjo el debut de Pablo Hermoso de Mendoza ante la entusiasta afición moreliana, el día 29 de Enero del año 2000, en una corrida de rejones donde alternó con los mexicanos Gerardo Trueba, Antonino López y Lorenzo Cué, en la lidia de astados de Real de Valladolid. Aunque originalmente estaba previsto que cada rejoneador lidiaría un toro de forma individual y los dos restantes serían bajo la formula de colleras, a final de cuentas debido a un percance sufrido por Gerardo Trueba, Hermoso de Mendoza se encargó de lidiar dos toros; a su primero le cortó una oreja, y a su circunstancial segundo le armó un verdadero lío para terminar tumbándole las dos orejas y el rabo.

La segunda actuación del navarro en Morelia, el 2 de noviembre de 2000, tuvo lugar en la Monumental, con un lleno hasta la bandera, y junto a los matadores Mauricio Portillo y Jerónimo, lidiando toros de Javier Garfias, escuchando palmas en su primero y cortando las dos orejas a su segundo, pese a pincharlo, en la que se recuerda como una de las mejores faenas del rejoneador navarro en tierras mexicanas y en la que montó a LABRIT, MAGRITAS, CAGANCHO, CHICUELO, DANUBIO y BORBA.

La siguiente actuación de Hermoso de Mendoza en la antigua Valladolid se dio el día 17 de febrero de 2001, ahora en el palacio del Arte, donde Hermoso alternó otra vez con el diestro mexicano Mauricio Portillo, cerrando la tercia el novel matador Cirilo Bernal. El resultado para el navarro fue nuevamente de excepción: tres orejas y un rabo.

El jinete español regresó a la Monumental nuevamente un 2 de noviembre, ahora de 2001, teniendo a Jorge Gutiérrez y Paco González como compañeros lidiando un toro de El Junco y otro de Mariano Ramírez, que dieron un pésimo juego, por lo que Pablo regaló un sobrero, también de El Junco, al que pudo cortarle las orejas, antes había obtenido una oreja en su primero y escuchó palmas en el segundo, utilizando en los tres toros los siguientes caballos: LABRIT, TABASCO, CAGANCHO (en la fotografía templando de costado), CHICUELO, ALBAICIN, DANUBIO y MARIACHI.

Pablo regresaría a Morelia el 16 de febrero de 2002, al palacio del Arte, alternando ahora con los diestros Leopoldo Casasola e Israel Tellez y lidiando astados de Luis Felipe Ordaz. Hermoso de Mendoza tuvo otra tarde para el recuerdo, llevándose cuatro orejas y perdiendo el rabo por un leve defecto de colocación en el rejón de muerte de su segundo astado al que había bordado con LABRIT, CHICUELO, VITI (foto izquierda) y MARIACHI; también tuvieron participación RONCAL, FUSILERO y DANUBIO.

En ese mismo año, 2002, el coloso español tomaría de nuevo parte en el festejo del 2 de noviembre en la Monumental moreliana, con otro lleno hasta la bandera, haciendo el paseíllo al lado de los matadores aztecas Mauricio Portillo y Fernando Ochoa en la lidia de astados de Luis Felipe Ordaz. Antes de la corrida cayó una pertinaz lluvia que dejó el ruedo en malas condiciones por lo que Pablo debió batallar para poder remontar una noche que se ponía cuesta arriba. Pero a final de cuentas se impuso la raza del navarro que abrió la Puerta Grande al llevarse las dos orejas de su segundo, en un festejo donde tuvieron llamado EBANO, CAMPO GRANDE, MARIACHI, LABRIT, CHICUELO y MAZZANTINI.

La penúltima actuación del estellés en suelo moreliano se llevo a cabo en el Palacio del Arte, el 8 de febrero de 2003 , de nuevo ante bureles de Luis Felipe Ordaz y un cartel completado por el niño torero Juanito Chávez y los diestros Jerónimo e Israel Téllez. Esa tarde el centauro español obtuvo la más copiosa cosecha de trofeos que ha logrado en este ruedo: cuatro orejas y un rabo merced a dos buenas faenas en donde contó con la colaboración de COYOTE, NATIVO, DANUBIO, CERVANTES, CHACAL, FUSILERO y GAYARRE, logrando así continuar con su marca perfecta de salidas a hombros de esta plaza, cuatro de cuatro.

Para la fecha del 2 de noviembre de 2003, Pablo estaba de nuevo anunciado en el festejo nocturno de la Monumental moreliana, pero el percance sufrido días antes en Juriquilla le impidió al navarro cumplir con este compromiso. La estima que el estellés guarda por esta tierra le llevo a decidir que sería en Morelia donde reaparecería una vez superada la lesión y así aconteció doce días después, el 14 de noviembre, en un festejo donde el diestro local Jacobo Gálvez tomó la alternativa de manos de Mauricio Portillo teniendo como testigo al jinete español y ante toros de Luis Felipe Ordaz. El centauro navarro se sobrepuso a las limitaciones físicas y absolutamente entregado logró desorejar a su segundo para mantener su marca perfecta de Puertas Grandes en los dos cosos de la capital michoacana.

 
FECHA 2 Noviembre de 2004
LUGAR Plaza de toros Monumental de Morelia, Michoacán, México
ENTRADA No hay billetes
TOROS
RESEÑA Pablo Hermoso de Mendoza (dos orejas y rabo y dos orejas)
Jorge Gutiérrez (palmas y oreja)
Omar Villaseñor (palmas tras aviso, silencio y oreja en un sobrero de regalo)
CABALLOS UTILIZADOS

Primer toro de la Ganadería de Luis Felipe Ordaz, número 33, de nombre COMODIN, 450 Kg. De salida SAMURAI (2 rejones de castigo); en banderillas CHENEL (3 banderillas) y FUSILERO (2 banderillas); y para el último tercio CERVANTES (3 cortas y 1 rejón de muerte).

Segundo toro de la Ganadería de Luis Felipe Ordaz, número 69, de nombre CONQUIAN, 461 Kg. De salida SULTAN (2 rejones de castigo); en banderillas CURRO (2 banderillas) y CHICUELO (2 banderillas); y para el último tercio CERVANTES (3 rosas, 2 pares de banderillas a dos manos y 1 rejón de muerte).

OTROS CABALLOS DESPLAZADOS

BRUNO

Imponente lucía esta noche la Monumental moreliana con su aforo completamente cubierto, no cabía un alma más; haciéndose incluso la referencia de que en toda la historia de la plaza esta es apenas la quinta ocasión en que se ha presentado un entradón de esta naturaleza.

El público asistente, venido de muchas partes de México y del extranjero por las celebraciones del día de los muertos; esperaba disfrutar de una buena corrida de toros, y por lo visto en el ruedo, especialmente con la labor de Pablo Hermoso de Mendoza, estamos seguros de que se superaron ampliamente sus expectativas.

El coloso español brindó una noche memorable, pletórica en emociones, volcando su inigualable arte taurino para estructurar dos grandes obras, esta vez coronadas perfectamente por sendos rejonazos que cerraron brillantemente un nuevo capítulo escrito por el de Estella en suelo michoacano.

La faena de dos orejas y rabo que realizó al primero de su lote, fue una lección magistral de cómo torear a un burel manso que hace de la zona de tablas su terreno. Pablo lo entendió a la perfección, quebrantándole lo justo a lomos de SAMURAI para descongestionarle y ya con CHENEL en el ruedo marcarle la pauta de cómo, cuando y por donde embestir. El toro iba a su aire, pero al momento de hacerlo tenía transmisión, así que cuando el castaño lo llevó suave y templadamente de costado y lo remató con una pasada por los adentros enfrente de la puerta de cuadrillas, la plaza entera se volcó en una explosión de júbilo y admiración que hizo cimbrar los cimientos de la Monumental. Pablo y CHENEL, CHENEL y Pablo habían obrado el milagro de hacer embestir con continuidad y franqueza al de Ordaz que término por entregarse ante el poderío del binomio que lo enfrentó en tres banderillas de perfecta ejecución. Como perfectas fueron las otras dos colocadas con FUSILERO, manteniendo intacto el nivel de la faena, elevando aún más la emoción con sus piruetas, sobretodo en una, la más ceñida de todas, que fue digna de un cartel taurino. CERVANTES tuvo la responsabilidad del tercio final, permitiendo a Hermoso de Mendoza colocar las cortas y otorgándole la pausa necesaria al momento en que el navarro entró a matar, cobrando un rejonazo hasta la empuñadura que rubricó la obra y la concesión de los máximos trofeos.

SULTAN fue el encargado de recibir al segundo del lote del jinete español, que al igual que sus hermanos no se caracterizó por su exceso de bravura. El castaño se dobló elegante y suavemente con él para acortarle el recorrido, dejándolo listo para que su jinete le castigase con dos hierros en el morrillo. El tercio de banderillas fue también de extremo lucimiento. Primero con CURRO dando el pecho en cada reunión y posteriormente con la reaparición de CHICUELO, que habiendo superado ya los problemas de salud que le aquejaban desde el inicio de la campaña mexicana, se mostró en perfecta forma, citando con la arrogancia que le caracteriza y reuniéndose muy de cerca con su oponente, despidiéndole con sus inigualables piruetas. CERVANTES volvió a estar muy bien en las rosas, en dos pares de banderillas a dos manos realizados con pureza, toreando y templando en los embroques y permitiendo de nuevo que el estellés sepultase otro rejonazo fulminante que hizo rodar espectacularmente al de Luis Felipe Ordaz, que se fue sin orejas al destazadero, cerrándose así una elevada cosecha del trofeos para Pablo, quien se erigió como triunfador absoluto de la noche y fue sacado multitudinariamente a hombros por la Puerta Grande de la Monumental moreliana.

En este festejo tomó la alternativa el diestro local Omar Villaseñor, recibiendo de manos de Jorge Gutiérrez la borla de matador de toros. Hermoso de Mendoza atestiguó la ceremonia.

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ACTUACIONES
9
TOROS
LIDIADOS
19
TROFEOS
OBTENIDOS
27 orejas y
4 rabos
PUERTAS
GRANDES
9
* PARA EFECTOS DE LA ESTADISTICA SE HAN CONTABILIZADO TANTO LAS ACTUACIONES DE PABLO EN LA PLAZA MONUMENTAL COMO EN EL PALACIO DEL ARTE
 
La voz de Michoacán

¡Magistral!

El rejoneador navarro, Pablo Hermoso de Mendoza, cosechó el triunfo en la corrida del día de muertos, al cortar cuatro orejas y rabo a sus toros;

Pablo Hermoso de Mendoza no se bajó de su trono, demostró por qué es en estos momentos el rey del toreo a caballo; hizo vibrar a la afición de la Monumental de Morelia con su forma de interpretar el arte de Marialva y fue el indiscutible triunfador en una noche que fue suya, en la que acaparó los reflectores.

Pero la noche fue de Pablo, la plaza se le entregó al centauro navarro, que le regaló a la afición una faena vibrante en su primer enemigo, con el que dejó claro que, hoy por hoy, es el máximo exponente del rejoneo, que desde ahora se puede hablar de un antes y un después de Hermoso de Mendoza.

La plaza registró un lleno hasta la bandera en este festejo, en el que se jugaron astados de la ganadería de Luis Felipe Ordaz, bien presentados.

Pablo Hermoso de Mendoza

El navarro simplemente demostró que en estos momentos no hay quien le haga sombra; enseñó toda su maestría y por qué tiene el sitio de primera figura del rejoneo, sobre todo con su primer enemigo, con el que le regaló a la afición una faena vibrante, emotiva, llena de momentos artísticos y toreros, que le fue coreada de principio a fin.

Comodín llevó por nombre el burel, un astado que cargaba en sus lomos 439 kilos, un toro que de inicio no hizo presagiar nada bueno, pero que fue de menos a más, y que mereció los honores de arrastre lento. El centauro navarro tuvo mucho qué ver para que el toro rompiera de la manera en que lo hizo, lo enceló muy bien con los rejones de castigo, llevándolo muy templado con el caballo, como es su costumbre, toreando arriba de la jaca.
Pero el verdadero éxtasis llegó con las banderillas, con las que lució en todo su esplendor el español, primero en dos garapullos al quiebro, con recortes sobre la misma cara del burel que hicieron estallar la emoción en los tendidos.

No podían faltar los clásicos giros, que fueron en la misma cara del astado, para terminar con las banderillas cortas, en un alarde de torerismo y brillantes, en donde el temple se hizo presente en todo momento.

A esa altura de la faena el público estaba totalmente entregado, y terminó de entregarse con la estocada del navarro, muy certera, de efectos casi inmediatos, para que el público pidiera al unísono las orejas y el rabo para Pablo, que el juez atinadamente concedió.

Su segundo, de nombre Conquián, que pesó 461 kilos, fue un toro que no colaboró tanto con el español, con menos emotividad y empuje, pero aun así el navarro estuvo muy entregado; le embistió prácticamente al burel y logró brillar en dos pares de banderillas a dos manos, y con tres rosas que quedaron en inmejorable posición, para cortar los dos apéndices, y alzarse como el gran triunfador del festejo.