FECHA 25 de Agosto de 2004
LUGAR Plaza de toros de Almeria, España
ENTRADA Lleno
TOROS
RESEÑA Pablo Hermoso de Mendoza (ovación y vuelta)
Enrique Ponce (ovación y ovación)
Antón Cortés (oreja y oreja)
CABALLOS UTILIZADOS

Primer toro de la Ganadería de Carmen Lorenzo, número 1, 531 Kg. De salida CURRO (2 rejones de castigo); en banderillas CHENEL (3 banderillas); y para el último tercio FOSFORO (tres cortas, cuatro rejones de muerte y un descabello).

Segundo toro de la Ganadería de Carmen Lorenzo, número 64, 526 Kg. De salida SAMURAI (2 rejones de castigo); en banderillas CAMPOGRANDE (2 banderillas) y CHICUELO (3 banderillas); y FOSFORO (dos rosas, un par a dos manos de cortas y un rejón de muerte).

OTROS CABALLOS DESPLAZADOS

LABRIT y NATIVO

   
 

La plaza de toros de Almería pasa por ser uno de los escasos cosos nacionales, donde tras el paseíllo, los aficionados ovacionan a los actuantes, agradeciéndoles su presencia, y éstos, responden a la ovación con saludos desde el propio albero del ruedo. Una costumbre antigua, que hoy en día apenas se estila, si bien, sí que se hace con más frecuencia en muchas plazas de México.

Como siempre, perfectamente engalanada la plaza almeriense recibió con lleno en los tendidos, lo que provocó la mejor entrada de la feria. Hermoso de Mendoza se enfrentó en primera instancia a un toro de Carmen Lorenzo, esposa de Pedro Moya “Niño de la Capea” y titular del hierro. El toro salió con muchos pies desde el inicio de la lidia y con el único defecto que siempre cortaba la carrera detrás de CURRO. Eso sí, emotividad y ligazón no faltaba a la faena, con dos animales midiéndose mucho, toreando el caballo de forma magistral y el toro siempre sin entregarse. Bonita pelea en el tercio de salida, que tuvo su segundo asalto en banderillas con un pletórico CHENEL que hoy, con un toro que embestía con codicia y sin aliento, pudo hacer auténticas diabluras con su poderoso galope de costado, rematado con perfectos trincherazos hacia un lado y hacia otro. Tres banderillas metiéndose al toro en el mismo estribo. Como decimos, una auténtica exhibición de toreo a caballo, que acabó con ambos contendientes, en este caso el toro y CHENEL, casi exhaustos, como sí de dos luchadores que lo han dado todo se tratara. Con los tendidos todavía sorprendidos de lo que habían visto, Pablo apareció con CAMPOGRANDE, pensando que podía seguir bordando la faena. La pena fue que para entonces el toro estaba muy disminuido de fuerzas y no hubo apenas emoción en la faena del tordo. Sí que puso todo lo que al buen toro ya no le quedaba, FOSFORO, con la colocación de res banderillas cortas, llegando muy cerquita del astado y reuniendo perfectamente. Luego con el pinchazo con el rejón tocó la médula del toro y lo dejó ligeramente tocado de los cuartos traseros. Después otros pinchazos más antes del descabello y una gran faena, de nuevo, quedó en ovación.

Y si buena fue la faena al primero, de sensacional debemos calificar la del cuarto, otro gran toro del Capea, con más temple que el primero y ante el que Pablo cuajó una soberbia y medida actuación, desde el temple que demuestra día a día SAMURAI de salida, hasta el tercio de banderillas, donde ahora sí, CAMPOGRANDE midió perfectamente al toro e hizo que los tendidos, después de la merienda, volviesen a preocuparse de lo pasaba en el ruedo. Toreo alto y medido, siempre cerca de los pitones y siempre limpio, con la cara por delante. Continuó la emoción con un CHICUELO, torero y enrabietado como en sus mejores tiempos. Perfectas la ejecución de las banderillas y emocionantes las piruetas, mantenían el nivel de la faena. Nivel que si cabe aumentó FOSFORO, ahora con dos rosas y sobre todo con un par de banderillas cortas a dos manos, perfectas de ejecución y colocación, seguidas de un “Tete a tete” toro-Pablo que acabó por levantar a la plaza en pie. Solo faltaba un buen colofón, una buena muerte para el buen toro de “Capea”. Pablo se tira arriba……y el toro cae, pero descordado. Hubo petición de oreja, e incluso se abroncó a la presidencia por no concederla, pero aunque se hubiese concedido, hubiese sido un trofeo rácano para tanta entrega y para tanto toreo. Pablo, bastante cariacontecido, recogió la ovación del público, larga y sentida, que incluso obligó al navarro a dar la vuelta al ruedo, cosa poco habitual en él cuando no obtiene trofeos.