FECHA 25 de julio de 2003
LUGAR Plaza de toros de Vitoria, Alava, España
ENTRADA Casi tres cuartos de plaza
TOROS
RESEÑA Leonardo Hernández (ovación y oreja)
Pablo Hermoso de Mendoza (silencio y oreja)
Andy Cartagena (silencio tras aviso y dos orejas)
CABALLOS UTILIZADOS

Primer toro de la Ganadería de Castilblanco, número 93, nombre Piensamal. De salida MONTERREY (3 rejones de castigo); en banderillas CHICUELO (3 banderillas) y CAMPOGRANDE (2 banderillas); para el último tercio CERVANTES (dos cortas y dos rejones de muerte).

Segundo toro de la Ganadería de Castilblanco, número 77, nombre Desprendido. De salida MISTRAL (2 rejones de castigo); en banderillas GAYARRE (3 banderillas) y NATIVO (1 banderillas y dos cortas dos rejones de muerte).

OTROS CABALLOS DESPLAZADOS

 

   
 

No pudo Pablo Hermoso de Mendoza romper su mala racha en la plaza de Vitoria y tampoco en esta ocasión pudo salir a hombros, pese a que acarició en muchos momentos la puerta grande, pero el rejón de muerte en el quinto de la tarde, entró al segundo intento, y ese fue el impedimento principal para no triunfar rotundamente. Los toros de Castilblanco, dieron un juego desigual, manseando y desarrollando sentido el primero y con calidad y transmisión el quinto de la tarde.

En el primero, Pablo estuvo desafortunado con los rejones de castigo, montando a un MONTERREY que reaparecía después de casi tres meses sin intervenir. La faena subió de tono en banderillas donde CHICUELO y CAMPOGRANDE caldearon el ambiente, rematando CERVANTES con dos cortas y los rejones de muerte.

El quinto de la tarde fue otra cosa, y aquí sí estuvo Pablo sensacional de salida sobre MISTRAL ante un público un tanto frío, no se sabe exactamente porque. GAYARRE demostró que día a día se está convirtiendo en el sustituto de CAGANCHO, y hoy incluso remató un galope de costado por los adentros, como sólo lo ha hecho el cuatralbo. Estuvo enorme, al igual que NATIVO, con quien tras colocar una banderilla, Pablo decidió terminar la faena, y lo hizo con pureza y verdad, pero con desacierto en el primer rejón de muerte, que a la postre le privó de la segunda oreja.