FECHA 19 de Enero de 2003
LUGAR Plaza de toros La Luz de León, Guanajuato, México
ENTRADA No hay billetes
TOROS
RESEÑA Jorge Hernández III (oreja)
Pablo Hermoso de Mendoza (oreja y silencio)
Oscar San Román (palmas y silencio)
Ignacio Garibay (palmas con petición y silencio tras dos avisos)
CABALLOS UTILIZADOS

Primer toro de la Ganadería de Real de Saltillo, nombre Feriero, número 264, 539 kilos de peso. De salida MONTERREY (3 rejones de castigo); en banderillas ZALACAIN (3 banderillas) y FUSILERO (2 banderillas); y para el último tercio CERVANTES (2 cortas, 1 par de banderillas a dos manos y un rejón de muerte).

Segundo toro de la Ganadería de Real de Saltillo, nombre Revoltoso, número 8, 588 kilos de peso. De salida RONCAL (3 rejones de castigo); en banderillas CHICUELO (3 banderillas); y para el último tercio CERVANTES (2 rosas, 2 cortas, 1 par de banderillas a dos manos, un rejón de muerte tras pinchazo y un golpe de descabello).

OTROS CABALLOS DESPLAZADOS

ALBAICIN, DANUBIO y GAYARRE

   
 

Como decepcionante se puede calificar el juego que ofrecieron los astados de Real de Saltillo que integraron el lote de Pablo Hermoso de Mendoza, ya que ninguno de los dos bureles presentó condiciones propicias para el toreo a la jineta. Si aunamos a ello la elevada romana con la que saltaron al ruedo, se puede deducir que por más esfuerzos que realizó el estelles en la arena leonesa, los resultados no fueron los esperados.

El primero de ellos ofreció un poco menos de complicaciones, por lo que se pudo apreciar algunos momentos lucidos con MONTERREY de salida y el tercio de banderillas a cargo de ZALACAIN y el siempre lucidor FUSILERO. En el tercio final de la lidia y a lomos de CERVANTES, Hermoso colocó cortas y un par de banderillas a dos manos antes de sepultar el rejón de muerte obteniendo así su única oreja de la tarde.

El segundo fue aún mas pesado que su hermano y mucho más complicado, teniendo que hacerlo todo Pablo ayudado por RONCAL, CHICUELO y de nuevo CERVANTES, viéndose incluso en la necesidad de recurrir al descabello para terminar con el poco colaborador astado, retirándose esta vez ante el silencio de la afición.